
Jacobo tomó asiento
a mediados de 1996 frente a las cámaras de televisión
cerca de las diez de la noche, poco antes de salir al aire en
su célebre noticiero "24 Horas”. Una vez que
el flaco individuo, de enormes lentes cuadrados y olor a viejito
bien bañado (siempre lo imaginé oliendo a Lavanda),
apareciera en las pantallas de miles de televisores en todo el
país, pronunciaría la nota del día que asustaría
a unos cuantos, haría reír a otros y dormiría
a poquísimos: en algunas rancherías del país,
habían sido descubiertas varias cabezas de ganado vacuno,
porcino, y eso sí, muchas cabras, muertas sin una sola
gota de sangre, como si hubiesen sido succionadas y vaciadas.
Estos animales habían sido marcados por la firma del supuesto
asesino: una marca similar a la dejada por los vampiros de las
películas en sus víctimas luego de atragantarse
con su sangre.
El
país entero se movilizó desde ese día para
sintonizar todas las noches el noticiero de Jacobo y escuchar
el nuevo capítulo del ser malévolo y endiablado
que amenazaba con terminar con todo animal sobre la tierra, y
que ya había sido bautizado como el escalofriante "Chupacabras”.
Al mismo tiempo, Ernesto Zedillo daba de patadas en su alberca
inundada de problemas: las herencias administrativas de Salinas
y el conflicto armado en Chiapas. Pocos tomaron en cuenta estos
asuntos, dado el fenómeno que se estaba gestando en las
diversas granjas y rancherías del país.
¿Quién era ese duendecillo de piel verdosa, ojos
expresivamente diabólicos y gigantes colmillos? A pesar
de las similitudes nadie mencionó o recordó al Duende
Verde, el archienemigo del Hombre Araña, y sí en
cambio, lo relacionaban con invasiones extraterrestres. El hombrecillo
devora-ganados, era desde luego, una invención, liberada
para desatender los desaciertos ejecutivos y los malos momentos
que atravesaba el país (un momento... ¿dije "atravesaba”?,
caray, el tiempo parece no transcurrir en este país).
El periodismo de espectáculos funge un papel igualmente
enajenante. El caso más reciente fue el de Gloria Trevi
y su representante Sergio Andrade, que a pesar del largo tiempo
que ya ha transcurrido desde el primer capítulo, sigue
llenando de morbo las cabezas del público mexicano. ¿Alguien
se rompe la cabeza de desesperación por la inflexibilidad
del Congreso de la Unión a la hora de las reformas? No,
porque la Trevi ya está en Chihuahua, ¿tú
crees?
En Argentina, en el reciente torneo de apertura, el Independiente
se llevó el título. En los hospitales mueren desnutridos
cientos de niños, y la gente se humilla en un programa
de televisión, un reality show, donde la gente se diputa
un empleo. "Pero si Maradona es Dios, si Maradona nos hizo
campeones en México, ¿qué más da la
situación del país?” Para los argentinos,
el fútbol es más que una vitamina o una razón
para aguantar una semana más, es más que una religión
a la que acuden cada semana ya sea desde sus casas por la televisión
o a un estadio. El fútbol es una droga que los salva de
enfrentar la realidad, de elevar su nacionalismo por encima de
cualquier torpeza política. En México, este fenómeno
deportivo se da en menor escala. La euforia por la selección
mexicana puede llegar en cualquier momento y esfumarse de la misma
forma. Sin embargo, estos continuos altibajos son suficientes
para que el público nuble la realidad por breves momentos
y se encrespe en una batalla nacionalista, abanderados por el
desgarbado seductor de divas mexicanas, Cuauhtémoc Blanco.
Vicente Fox avergonzó al país al citar al escritor
argentino "José Luis Borgues”, pero no hay
pedo, porque Cuauhtémoc le anotó a los croatas,
¡a huevo!
Por otro lado, el público está más atento
a la ingenua ignorancia de nuestro presidente que a las decisiones
importantes, poco atinadas, del mismo. Resulta muy botana ver
las intenciones de Martita Sahagún por: 1) pertenecer a
la gente bien (término acuñado de los libros de
Lupita Loaeza); 2) participar en los eventos políticos
y económicos fundamentales del mundo; y 3) hacerse la altruista
y activista desinteresada por las causas sociales. La gente disfruta
de ver la teatralidad y comicidad involuntaria de nuestros gobernantes,
por encima de su quehacer político.
En un momento en que la opinión pública mostraba
su descontento por el gobierno de George Bush padre, los Estados
Unidos iniciaron una batalla en el Golfo Pérsico, tomando
como pretexto la defensa de Irán y zonas aledañas.
Una guerra ganada significa la consolidación y ratificación
de la supremacía del país, para cualquier ciudadano
estadounidense. Al quedar demostrado el poderío militar,
la invulnerabilidad del territorio y la capacidad de acomodar
todas las circunstancias a su favor, los habitantes vuelven a
confiar en su líder. Algo similar está ocurriendo
con Jorgito chiquito Bush. Luego del ataque al World Trade Center,
E.U.A. tenía que responder de forma por demás justiciera;
la meta: encontrar y matar a Osama Bin Laden, líder de
la organización terrorista Al Qaeda. A pesar de que se
consiguió gracias a los ataques a Afganistán derrocar
al Talibán (el fanático gobierno que sacudía
las libertades de los afganos), quedó inconclusa la meta
principal, que era la captura de Osama. Los ciudadanos gringos
se quedaron con la sensación de que había faltado
algo. Jorgito no se podía dar el lujo de dejar esta insatisfacción
en sus gobernados. De esta forma, hay tres vertientes que se desprenden
del inminente ataque a Irak, que ayudan a comprender esta postura
bélica: el carácter imperialista de los vecinos
del norte; satisfacer las necesidades de supremacía de
la sociedad; y el ansiado dominio del petróleo de oriente
medio. No sería raro descubrir que todo este show haya
sido previamente configurado por algún publicista, con
la colaboración de un dramaturgo.
La publicidad se ha apoderado de la opinión pública,
de la política, de la economía, de la gastronomía,
del calostro materno, de los laxantes... en fin, de todo. Si antes
los candidatos de un partido político se desvivían
en listar una serie de propuestas e ideologías políticas,
hoy se dejan manosear y moldear por asesores de imagen y publicistas.
Hoy, en un discurso político, es más importante
el color de una corbata que los detalles de una propuesta para
reformar la ley agraria.
Cuando algún personaje público se ve envuelto en
una crisis de imagen, y la gente lo detesta, hay dos caminos que
se deben seguir para salvarlo del fango de la descalificación
y la pérdida de confianza popular: 1) distraer la atención
del público, es decir, imposibilitar su memoria, y 2) transformar
la imagen y cambiar la opinión del público.
Barry Levinson, director de cine estadounidense, plasmó
en su cinta Wag the Dog (Escándalo en la Casa Blanca),
de manera divertida y crítica, la forma, si bien no ética,
pero sí acertada, de actuar en un momento de crisis de
imagen. El argumento de la película relata cómo
el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica se
ve involucrado en un escándalo de tipo sexual. La primera
estrategia, aplicada por los asesores, fue distraer la atención
del público, inventando una guerra en un país de
Europa Oriental. Siguiente paso, convertir al presidente en un
hombre duro y firme en sus decisiones, pero al mismo tiempo solidario
y entregado a las causas más nobles. El presidente acosó
a una jovencita, ¿tú crees? Sí, pero es un
amor, ¿no viste cómo cobijó con su propia
chaqueta a esa pobre niña europea?
Los
publicistas se han convertido en una especie de gurú para
los políticos en los momentos más desafortunados.
Si alguien quiere ganar una elección debe gastar, y mucho,
en publicidad; si alguien quiere salvar su pellejo de la opinión
pública, que acuda con algún publicista de renombre,
ya sea Alzraki, o Santiago Pando (con todo y sus amigos mayas
galácticos).
Vicente Fox es un personaje bárbaro. No ha salido de una,
cuando ya está metido en otra. A esta carrera llena de
tropezones, le ha ayudado mucho su esposa Martita. Más
les vales inventar otro chupacabras, diseñar genéticamente
a un Maradona mexicano, no terminar nunca con el melodrama de
Gloria Trevi, o inventar ya de perdis una invasión de marcianos,
si no quieren terminar atrapados en las arenas movedizas sembradas
por sus propias boberías.
Si me permiten, tengo algunas sugerencias:
a) El subcomandante Marcos tiene un ejército de
esclavos indígenas que le ayudan en las labores domésticas
de su residencia oculta en las malezas de la selva chiapaneca.
Le barren, le trapean, le hacen sus huevos estrellados y le tienden
la cama. Esto ya sería matar dos pájaros de un tiro.
b) Gloria Trevi es transexual.
c) El Rasta, de Big Brother, embarazó a María Elena
Saladaña, "La Güereja”.
d) El seductor Cuauhtémoc Blanco ya hizo de las suyas con
Francis y con Horacio Villalobos.
e) María Félix fue clonada, repito, María
Félix fue clonada. Tome las debidas precauciones.
Jacobo ahora ríe parcamente en las estaciones más
importantes del país. Ya es
imposible imaginar su olor a través de sus palabras viajando
por los aparatos de radio. Se acomoda en su asiento, ya no preocupado
por utilizar aquellas memorables orejeras ni por cumplir su papel
de tapadera gubernamental. Pero la sombra del imperio informativo
que creó, y su diabólica postura de verdugo de la
verdad aún ronda en varios medios de comunicación.
Jacobo vive todavía en nuestras pantallas ahora en distintos
comunicadores y no cesará en enajenar las mentes mexicanas. |
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