
Cuando la rutina se
vuelve monótona y necesitas encontrar una vibración,
una línea de tensión que te lleve a nuevas formas
de ver, no hay mejor opción de contraste que Cuba. Cuando
hablo de contraste quiero decirlo en su variedad multifacética
de percepción visual, literal y sensual. La línea
de tensión es tan delgada a veces que la idea de realidad
se desvanece con la vibración, haciéndose un tipo
de intoxicación que te deja libre de toda la piel muerta
de los momentos estáticos en que estabas.
El
descanso para mí, fui de mí mismo. Bueno, de estar
enfocado 2 años en la búsqueda de una comunicación
visual más profunda y de la relación con las formas
humanas del entendimiento. Por supuesto ir en tal tipo de viaje,
también iba a involucrar el área visual de entender
cómo pasé gran parte de mi vida despierto en la observación
de lo que pasaba frente a mí. Pero esta era una exploración
dentro de otro campo de los sentidos. Era el instrumento auditivo
el que quería afinar para inundar mis alrededores con un
flujo continuo de ese famoso ritmo cubano.
Despertarse con una alarma puede ser una experiencia tortuosa, especialmente
si cada uno de tus huesos necesitan descanso. Además, algunas
veces, prolongamos la tortura programando el despertador para que
suene con el ruido más estridente y artificial. Esto, supongo
yo, es nuestro truco para no volver a quedarnos profundamente dormidos.
Pero si por ejemplo, programamos el despertador para que suene la
radio, algunas veces empezamos el día con un ritmo acorde
con nuestro reloj interno. Nuestro cuerpo comienza a moverse inconscientemente
con la combinación de sonidos que llenan la habitación.
Comenzamos a sentir que nuestras extremidades se avivan y antes
de siquiera alcanzar la vigilia, estamos levantados y empezando
el día, posiblemente hasta bailando como nuestro conductor
central lleva y trae la sangre para animarnos a despertar. Es a
lo que llamo, levantarse con el pie derecho.
Hago
esta relación con el fin de establecer la importancia que
le damos a la música en nuestra vida diaria para crear una
atmósfera. Para establecer un tono y movernos a lugares que
existen más allá del tiempo, que nos transportan a
viejos recuerdos o vidas futuras. Esta apertura es el primer nivel
de sentir no importando cuánto está lleno de ideas,
eso saldrá en el momento con la composición rítmica
correcta. No me malentiendan, las artes visuales y literales tienen
la misma habilidad fantástica de transportarnos, incluso
se convierten en algo fugaz cuando pensamos en términos de
sustentabilidad del ambiente. Tan rápido como han salido
del alcance de nuestra mirada, nos vemos inundados con un nuevo
estímulo visual que lentamente empuja la impresión
a un collage de experiencia. Ahora, esto también pasa cuando
la música se acaba, el viaje de sonido puede rodear una esquina
y flotar en el aire parta tocarte desde distancias mucho más
grandes que la vista humana.
Al escuchar los ritmos cubanos del Son y del Guaguancó en
mi pequeño departamento, luchaba por descifrar dónde
iba la marcha que había aprendido ante la variedad de niveles
del Big Band Cubano. Mi maestro cubano de percusión sólo
pudo guiarme, hasta ahora me sentía aislado y fuera de contacto
con lo que estaba pasando. Cansado de entrenar mi oído, desistí
una y otra vez al verme confundido por los sonidos que intervenían.
Yo sentí que literalmente necesitaba ver qué estaba
pasando para entender más completamente las secuencias. Entonces,
entre lecciones de técnica y teoría, empecé
a frecuentar el lugar de Salsa en el pueblo para echar una ojeada
a la música en vivo y ubicar lo que había aprendido.
Esto me ayudó de cierta forma, pero era apenas un pequeño
paso en el sentido de entender de dónde viene esta música
de tan profundos matices. Entonces verdaderamente sentí que
a fin de captar mejor la idea, tenía que meterme en el ambiente
e ir a la mismísima isla. La meta era aislarme del resto
de la gente y ver si podría comprender qué significa
cuando ellos dicen que ‘está en la sangre’.
Los
sonidos emanaban de cada rendija de los ruinosos edificios de la
Habana Vieja, tal como los aromas del pan recién hecho de
las panaderías. Tún Tún pom pam TA tún
pom pam… Tún pum tún pum TA pam TA… Tin
tan tin tin… clack clack… clack clack clack. Por todos
lados la música entra en tu torrente mezclándose con
el sudor y la humedad. Es un lugar cálido en todas las facetas
del mundo, se refleja en su forma de hablar, en la sexualidad y
el movimiento de la gente. Con la alta humedad, se siente fielmente
la densidad del aire mientras que, políticamente, esa densidad
se traduce en un peso que es difícil soportar. Allá
hay una fuerte restricción de las libertades y hasta hace
poco eso no era problema para aquellos que controlaban, porque había
poca y limitada influencia del exterior. Pero ahora, sin el apoyo
de la ex Unión Soviética, Fidel y su administración
están en la calamitosa necesidad de impulsar la economía.
Entonces, por supuesto, la inversión extranjera se volvió
obligada y de la mano de ella, vinieron las ideas foráneas.
Los enormes contrastes se volvieron tan inmediatamente evidentes
al paso lento de la formación de puentes que van cerrando
la distancia con el resto de los países vecinos.
Cuba parece atrapada en una deformación del tiempo material.
Estéticamente todavía son los años 1950, con
los carros americanos de la época en todas las esquinas,
el estilo cubano está al día con los ciclos de la
moda. Esto lo hace un excelente producto, porque el dinero del turismo
se convierte en un gran negocio. Aquí se ven mundos separados.
El uso del dólar americano para establecer los precios de
venta, crea una división entre la gente que visita y quienes
viven ahí. Todos los cubanos, excepto unos cuantos con contactos,
deben vivir con sus miserables salarios cobrados en el peso pobremente
valorado.
Hay tiendas del gobierno en las cuales es posible comprar algunos
productos necesarios pero, con cada vez más exposición
al mundo exterior, la gente está continuamente más
consciente de las cosas que se les han restringido. Ahora, así
como el promedio educativo de Cuba no tiene similar con un 97% de
alfabetismo y una rica exposición a las artes y la cultura,
además de que todos los cubanos tienen la oportunidad de
recibir educación gratuitamente, el mayor contraste aquí
es que todo ese conocimiento no tiene oportunidad de ser probado
o puesto en el contexto mundial porque el cubano promedio está
tan aislado como la isla en la que vive. Aquí es donde quiero
volver a la cuestión de la temperatura y decir que Cuba está
lista para estallar. ¿Cuánto conocimiento puede dársele
a la gente sin permitirle usarlo?
Por lo tanto hay una lucha constante entre el ideal de la equidad
social y las libertades humanas las cuales debemos colocar ahora
en un contexto más amplio. Al paso que va creciendo la conciencia
mundial, no tenemos otra opción que romper las barreras que
aún existen. En Cuba el presente contraste es visiblemente
más alto mientras el capital comienza a filtrarse al país.
El gobierno ha empezado a reinvertir su dinero en bienes recientes
y la renovación de la histórica Habana Vieja. Ahí
hay plazas bellamente restauradas, monumentos y hoteles a un lado
de ruinas y favelas. Con la exposición continuada, este contraste
empezará a disminuir al igual que la tensión y la
atracción.
 
Esto me lleva de vuelta al propósito de mi visita y del entendimiento
profundo con el que regresé. Al parecer, cuando hay cierto
arreglo de las oportunidades y de los deseos materiales, algunas
veces perdemos la pista de importantes verdades simples, como el
hecho de que no necesitamos mucho para hallar felicidad. Esto que
ya sabía desde antes, pero que fue una fuerte nota recordatoria,
lo experimenté directamente a través de la música.
Confinado por un régimen disciplinario, parece poco lo que
hay que hacer para dejar que el espíritu humano brille a
través de las artes. Su trascendencia puede ser vista claramente
en la gente bailando y tocando sus ritmos afroantillanos en la noche.
La música ha sido el medio de comunicación para Cuba
con el resto del mundo y se ha vuelto evidente al ser su más
famoso producto de exportación.
La percusión afrocubana que se dice se lleva en la sangre
está en cada giro, parte inevitable de la rutina diaria,
cualquiera puede convertir su amarga experiencia en su cabeza y
bailar de camino a una actitud fresca. En sólo 15 días
absorbí más del
ambiente de lo que pude en meses de práctica en San Miguel.
Me aventé decidido a ese mundo, explorando cada resquicio
escondido de La Habana, buscando los ritmos folclóricos de
la Rumba, el Yambú, la makuta y las orishas; tocando el cajón,
que es una caja de madera que se convirtió en mi obsesión.
Fui encantado por las percusiones y la maestría con que los
cubanos tocan esos rústicos instrumentos. Quise sentir el
corazón de Cuba.
Volví con un amplio panorama de la realidad cubana y una
comprensión más intensa de la música que crean.
Así que, desde mi punto de vista, todos llevamos el ritmo
en la sangre así como compartimos la raza humana. Nuestro
corazón es la fuente de nuestro movimiento, que baja al ambiente
que creamos, encontrando el ritmo correcto para modelar nuestro
mundo convirtiéndolo en algo más vital y vibrante
cada día. Esta forma de comunicación profunda es lo
que toca la raíz del entendimiento entre los seres humanos,
yendo mucho más allá de la superficialidad de la palabra
escrita o incluso de la imagen visual. Es un entendimiento que va
directamente al centro de la condición humana, manifestada
en los latidos del corazón. Aquí es donde el contraste
se vuelve tan prominente, en la gente tan limitada el nivel de comprensión
debe ser devuelto a su esencia. Por lo tanto, una adversidad colectiva
se convierte en felicidad y luz brillante, continuo baile ritual,
oleada de movimiento y repetición que es la adoración
de la vida en su forma más directa. |
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