La Jerga Mexico La Jerga Mexico
La Jerga Mexico
 Home


Cinco de la mañana ni sé ni donde estoy, en cuanto apago la alarma ruidosa que escucho hasta en mi alma, lentamente recuerdo que estoy en la casa del lago de mi mamá en Canyon Lake, Austin, Texas, y tengo 20 minutos para prepararme para el viaje más largo de mi vida. Tengo el coche de mi mejor amigo, que no sabe que lo tengo, para recoger un motor en Laredo, Texas para mi Izusu Trooper que tengo en San Miguel. A las 5:30 a.m. ya estoy en camino con un jugo que me tomé, 2 litros de agua para el mate ya preparado y 1,000 kilómetros por delante.

Voy tendido y prendido con el té de mate corriendo por mis venas. El divino amanecer por venir y la obscura carretera en mi vista, sigo cercanamente a una minivan que va por lo menos a 80 millas por hora en una carretera de un límite de 75. La adrenalina volando en mí por la divina aventura por venir, noto por el retrovisor una patrulla de la policía texana detrás de mí haciendo su mejor esfuerzo por pararme. Pensé “no pinches mames”, sereno pero no moreno, puse las luces de precaución y lentamente me estacioné a un lado de la carretera. Puta madre, mi aventura comienza antes de lo esperado “your license and registration please sir.” Lentamente saco de la guantera mis documentos y cuando digo lento créanme muy lento ya que he visto el programa “COPS” y la neta que estos robocops me dan pánico. En lo que el robocop saca su pluma y papelitos le intento explicar que iba siguiendo una mini, que por lo menos llevaba una velocidad de 80 millas por hora y sólo seguía el tráfico. Mi coche marcaba kilómetros, no millas y es por eso que era difícil ver mi velocidad real y bla, bla, bla, la pinche tira gringo, robocop ya no son humanos todo lo que yo decía él no lo escuchaba sólo procedía con su deber. Sin más que decir y obviamente con poca influencia para cambiar el destino de mi multa, le dije chinga tu madre al robocop y nuevamente estaba tendido en mi aventura.

contrabandoAl comienzo del amanecer mi odio por el policía se desvaneció con el hermoso, fresco y brillante sol mañanero, que reflejaba su resplandor sobre las cosechas del campo texano. En pocas horas estaba en el centro de Laredo buscando la dirección de la bodega en donde esperaba ser recogido mi lindo motor. En lo que pienso que no puedo estar más perdido, un milagro ocurrió, volteo hacia un lado y era justo la calle y la bodega que buscaba. Me sentí afortunado y con la suerte de mi lado. Bueno, entro a las oficinas para enterarme que sólo el dueño puede entregarme el motor y que él ya no tardaba.

30 revistas de T.V. Novelas y unos cafés más tarde, llama el dueño para confirmar mi existencia y permiso de llevarme mi motorcito que después de 2 horas intentando meterlo a una Cherokee, era más bien motorsote.

Después de 3 horas y miles de alteraciones yo y dos paisanos con la ayuda de una carretilla elevadora metimos un motor de 400 kilos a la divina camioneta ‘auto prestada’ de mi amigo y ¡sin un solo daño hasta ahora! Nuevamente me encuentro en la carretera tomando mi mate pero ahora con la primera misión cumplida.

Bueno segunda misión, media hora más tarde me encuentro frente a un oficial aduanal y junto a él, un semáforo con una luz roja y otra verde y justo abajo tiene un pequeño botón para jugar a la ruleta rusa, pasa o revisión. “Por favor virgencita, por favor virgencita”, rezándole a mi Guadalupana, oprimí el botón del destino y en cuanto abro los ojos sólo veo un resplandor angelical color verde. “Gracias virgencita, gracias”.

Cruzar la ciudad de Nuevo Laredo, ya fue fácil con la música a todo lo que da y más mate, de aquí en adelante todo de bajada. Yo ya iba feliz cantando y con mi motor nuevo camino a San Michael Jackson cuando de repente veo unos camiones y carros parados y una especie de casetas, yo sólo ubiqué el carril menos ocupado y en lo que cruzaba, un par de agentes, bastante agitados me gritan y me hacen la seña de oríllate. “¡Chingada madre, ¿ahora qué?!” Sin más tiempo que perder abrí la cajuela y los dos agentes me dicen al mismo tiempo

“¿Qué es esto?”
Y yo “un motor.”
Y los dos “¿y los papeles?”
Y yo “chale, ya me chingo.”

Hablé, les dije toda la historia de mi Trooper gringa y que se me quemó el motor original y que bla, bla, bla, y la verdad es que no les importó mucho sólo querían ver los papeles, muy discretamente les dije de mi ignorancia y que no los tenía, que si por favor me podían hacer el gran favor de solucionar en vivo y en directo con él y nadie más. Con una cara de extraña honestidad me dijo que “Sí pues pinche güero, sí me puedes dar pa’ los chescos” pero que si me paraba un federal más adelante u otro retén, hasta me podían quitar la troka, sin poderla recuperar nuca más, que como ya saben, no es mía y él no sabe. “Bueno,” -le dije “¿entonces cuáles son mis opciones?”.

Con su cara extraña de honestidad me dijo que tenía que regresar a Nuevo Laredo y encontrar un lugar que se llama pequeñas importaciones que la verdad sonaba como una enorme pasadilla, pero con las inútiles opciones que tenía, sonaba como lo único que podía hacer. Antes de partir a mi gran aventura me informó el aduanero que tenía que pagar 17 por ciento del valor del motor más la cuota del agente aduanal, le dije “cuánto más o menos” y me contesta mínimo como 2000 pesitos. “No fucking mames” la verdad es que era todo lo que tenía para mi viaje entero. Bueno, sabía que soy quien soy y que de alguna forma lo solucionaría.

Una hora más tarde y de vuelta en la ciudad infernal de Nuevo Laredo, me encuentro en medio de la ciudad buscando el pinche lugar. Vuelta y vuelta, me para un vato que me dice “¿qué buscas güero?” le conté la larga historia y me confiesa que con él se hace toda la transa. Sin más que buscar y sin poder aguantar un minuto más de ese calor directo del infierno, me estaciono en su local y comienza la transa-acción.

contrabando$3000 pesitos es lo menos que me puede cobrar el compa, le cuento que lo más que puedo yo dar es 600 pesos y nada más. Me responde que me regrese a Austin y en cuanto consiga la feria lo intente de nuevo. Me fui a la caseta más cercana y comencé a llamar a mi madre, a mi padre y en cuanto me comuniqué, le explique la situación y en cuanto me intenta decir como no podía y que no se qué chingados, lo frené con “mira papa estoy en el infierno con calor, cansancio y puro vato loco” y que inmediatamente me mande la feria y en cuanto pueda le pago su dinerito. Sin más que contestar, me dijo seriamente que la lana estaría en unos minutos en Elektra

En lo que esperaba, un chaval malandrín se me acerca y me dice si necesitaba ayuda con mis trámites o las drogas o con lo que me pudiera yo imaginar. Le contesté con un taco y una chela y felizmente me comenta como esta la transa. Disfrutando mi única chela, se me acerca el chavo de mis papeles y me dice que su apreciado chalán me acompaña a Elektra por la feria, el vato se nombraba el chino. Y con poca confianza, me lanzo con el chino y me cuenta cómo estuvo en el gavacho y que lo deportaron, luego que pasó unos años en el bote por meterse chiva, tecate (heroína) y los tatuajes que portaba, te juro que no lo dude ni un segundo. Aquí estoy en medio de Nuevo Laredo junto a un junky caminado por un barrio no muy seguro que digamos, para recoger 3,000 pesos en efectivo. No sé, no me sentí tan chido.

Al llegar a la caseta de Elektra, ya sabes una fila de 20 personas. Por fin después de aventarme toda la historia gráfica de cómo son las cosas en la cárcel según el chino, llegó mi turno con la señorita del módulo. Le doy el número de clave, mi nombre, mi identificación, para que me diga que no porque falta un apellido. La miré, saqué mi pasaporte, mi credencial de elector, mi licencia de conducir y le digo “señorita, déme el dinero ya”. No sé si fueron todas las identificaciones o mi mirada o no sé pero en un segundo tenía finalmente mi dinero.

Con el dinero en mano y decidido a llegar a San Mike, llego con los tipos estos y comienzan la transacción. Yo por lo pronto necesitaba una chela más que nunca. Los minutos se convirtieron en horas y las horas en más horas, de repente llega el tipo y me dice que le de mi identificación y mi coche, que el regresaba en unos minutos, “jajajajajajaja” te juro que nunca me había reído más en mi vida, mejor decidí ir con él y manejar mi propio auto. Bueno el agente aduanero valuó mi motor como en 400$ dólares ya que hice que se perdiera la factura y le comenté que la conseguí en un junk en Texas. Increíblemente se la tragó todita y ahora pagaré mucho menos impuestos de lo debido, viva México.

Yo ya estaba listo para partir, sólo que me dieran mis papeles y listo. Para este entonces ya son casi las cuatro de la tarde, once horas después de mi comienzo. Desesperado entro a las oficinas y me encuentro con otro tipo haciendo mis documentos que no conocía, y le pregunto que cuanto me iba costar todo el show y a mi sorpresa me dice que con todos los impuestos y lo que el cobra, era un total de 1,600 pesos. “Jajajajajajaja” ahora resulta que los otros broders me querían robar 1400 pesitos.
Antes de que llegaran los otros tipos, le pagué al honesto, me entregó los papeles e intenté la fuga. Justo al salir, me topo de frente uno de ellos y para no quedar mal le dije que por toda su ayuda le iba a dar 400 pesos y muchas gracias. Bueno el tipo pensaba que su otro amigo ya me había cobrado los 3,000 y que los 400 era una propina a parte. Sus ojos se iluminaron de verde.

Rápidamente me despedí y en lo que intento entrar a mi coche, el tipo entra a las oficinas y rápido sale de nuevo para reclamarme de que onda con el resto de la feria. Yo tranquilamente me salgo del auto y le explico a mi amigo que no está chido robar y que me agradezca los 400 y que se de la vuelta y ¡chido!

Bueno a mi amigo no le pareció muy agradable mi comentario y rápidamente se arrima otro compa. De repente sentí que no estaba yo en una buena situación, voltee a un lado abrí la puerta del auto y como superman volé y me arranqué como el diablo. Estos tipos intentaron su mejor esfuerzo para evitar mi salida, gracias a dios no les fue muy bien, pues yo ya estaba del otro lado de la ciudad gritando de alegría y rumbo a mi pueblo adorado. Para esto ya son las 5 de la tarde pero voy decidido llegar hoy.
Crucé la caseta donde me rechazaron cinco horas más temprano, pero esta vez lo logré fácilmente y legalmente. La verdad yo estaba feliz, pero las largas horas y el estrés empezó a cobrarme vida. Intente tomar más mate, pero ya no era suficiente, paré y me tomé una coca-cola , pero tenía todavía 8 horas más por conducir. Intenté con la música a todo volumen, la ventana abierta, un café, la coca-cola, el mate, hasta unos cigarros pero llegando ya por Mateguala, sentía que ya no podía. La música ya necesitaba un cambio, algo más fuerte y prendido, ya que la noche invadió el día y yo no me estaba despertando más.

En lo que estoy buscando un compact disc, en la guantera, siento algo extraño, prendí la luz para poder ver y resultan ser las pastillas ritali de mi amiga que se vino conmigo de ida. La verdad amigos no soy de pastillitas, en realidad podría haber sido otra cosa, pero en tiempos de guerra cualquier hoyo es trinchera. Sin pensarlo más, que me chingo una pastillita y cuando el efecto se desvanecía, otra pastilla. Te juro después de 20 horas sin parar, 4 litros de mate, unas coca-cola y unos cuantos cigarritos me empecé a sentir como la ruquita de la película de Réquiem por un Sueno. No mames, lo bueno es que sólo me faltaba la recta final, que por cierto fue eterna por que iba a dos por hora porque me estaba desvielando. Al pisar la primera piedra del empedrado de San Mike, te juro que nuca estuve tan alegre de llegar. Estaba tan despierto de la cafeína, mateína, y las pastas esas que me fui directo a la cuca y me baje como 5 chelas en cinco minutos, llegué a mi casita querida y caí como tronco podrido, queridos amigos la lección de la historia es, nunca intentes meter un motor a México. Lo logré.
Más Jergas / More Jerga
Más de 13 / More 13






© Copyright 2007 La Jerga