
 Una
noche joven y sobria: el sujeto sale de sus aposentos con la cabeza
inflamada de semen. Un bar cercano en alguna avenida muy visitada,
la elección. Las horas transcurren entre los aplastantes
ritmos de alguna banda y las bebidas embriagantes dan paso a un
desfile visual por cada rincón del establecimiento. Desplegado
el muestrario (nutrido por un porcentaje bastante elevado de indeseadas
con dentaduras pronunciadas y ojeras amoratadas), elige la sonrisa
acompasada de una mujer que le corresponde con atisbos y pestañeos,
entre nervios y coquetos. Dependiendo de la desinhibición
producto de la bebida elegida, tardará algunos momentos (dando
más juego al silencioso y distante flirteo) en establecer
contacto verbal con la mujer que ya ha establecido un trato ideal
con el cortejador. Y allá va, invitación a alguna
bebida, minutos, plática y algún piropo. Una hora
después el sujeto intenta recordar el nombre que ya se le
había mencionado y olvidado por la concentración en
alguna zona específica del cuerpo femenino; ella no tomó
siquiera importancia a su nombre. Un beso transforma las cosas y
alienta el hormonal sistema del cuerpo, temperaturas elevadas y
una escena inevitable: salida del bar, de la mano. La meta: sexo
en algún rincón de la ciudad. En pleno acto, los dos
divertidos analizan la situación: no tienen idea de la procedencia,
gustos, idiosincrasias, historia, nombre, fobias o marca de cereal
favorita del compañero. Una noche de sexo informal, y cada
quien a su casita. No volverán a verse.
Esta variación del comportamiento sexual es la más
recurrente en este tierno comienzo del tercer milenio, y que ha
dominado ya por muchos años. El sexo, como bien se definió
en alguna ocasión, mueve al mundo. El mexicano, hablando
específicamente, es movido por él. La concepción
mexicana del término es todavía un poco cerrada a
costumbres e influencias morales (iglesia, bla, bla; entre otras
menos importantes). La evolución de la tolerancia sigue un
poco abajo en la carrera que enfrenta con esos antifaces que nublan
todavía los miedos al placer.
El sexo, definido en sus funciones, cumple una vital que es la preservación
de la especie, es decir la reproducción. Sin embargo, la
raza humana, entre otras contadas especies, puede hacerlo sin buscar
necesariamente concebir un pequeño y tierno feto. Culturas
antiguas, occidentales y orientales, han creado todo un ritual alrededor
de su práctica, validando sus múltiples modos, como
el amor heterosexual, homosexual, etcétera (todavía
no existían prácticas actuales y bizarras, o al menos
no están registradas, como la peluchefilia, que no requiere
de mayor explicación).
El mundo actual es un dispar compendio de modos de pensar que abarcan
desde la aceptación liberal de ciertas prácticas sexuales,
hasta a la represión brutal de algunas. En México
algunos brotes se dejan ser, existiendo cierto repulso que las condena.
Los instintos sexuales del típico azteca quedan relegadas
a la fantasía y al placer de la soledad, por miedo a ser
reprendidos por las miradas inquisidoras de la sociedad (un rollo
de papel de baño, y listo).
El sexo es delicado, porque son inevitables las tensiones emocionales.
¿Cómo desligar la gloria de un orgasmo del sentimiento?
Se marcan territorios, se firman propiedades en el corazón,
y los celos, los malditos celos, nacen como consecuencia. Ira, destrozos,
violencia. En apariencia, una solución verdadera sería
contar el acto sexual como un placer más, (un placer muy
especial, claro está) sin manchar la sobriedad con contratos
románticos. Tan sólo en apariencia.
El principal problema es desde luego que aquella semilla sembrada
en el seno erótico, no puede ser deliberadamente regada y
cuidada. El amor se da, punto. Pero no por compartir la cama con
todo el mundo te enamorarás de su totalidad. Por otro lado,
el amor bien definido no debe ser posesión, sino un complemento,
(libertar, y ser libertado).
Por católicas razones el mexicano castiga impunemente el
sexo sin amor, el sexo fuera del matrimonio, el sexo nomás
por calentura. La realidad es que existe la sexualidad libre de
ataduras embrutecedoras (porque, ¿qué otra cosa es
el amor sino un estado de necia ebriedad?). El sexo esporádico,
informal, es un recurso muy ganador. La multiplicidad de sus variantes
(todas, a excepción de aquellas que requieren urgentemente
un juicio ético, alguna porquería como la pedofilia)
son válidas y seguramente encantadoras.
Un México sexual y gozoso; esa es mi tirada...
| Compatibilidad
entre signos |
Aries - Marzo 21 – Abril 21
Más compatible con: Leo y Sagitario
Tauro - Abril 21 – Mayo 21
Más compatible con: Virgo y Capricornio
Géminis - Mayo 21 – Junio 21
Más compatible con: Libra y Acuario
Cáncer - Junio 21 – Julio 21
Más compatible con: Escorpio y Piscis
Leo - Julio 21 – Agosto 21
Más compatible con: Sagitario y Aries
Virgo - Agosto 21 – Septiembre 21
Más compatible con: Capricornio y Tauro
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Libra - Septiembre 21 – Octubre 21
Más compatible con: Acuario y Gemini
Escorpio - Octubre 21 – Noviembre 21
Más compatible con: Piscis y Cancer
Sagitario - Noviembre – Diciembre 21
Más compatible con: Aries y Leo
Capricornio - Diciembre 21 – Enero 21
Más compatible con: Tauro y Virgo
Acuario - Enero 21 – Febrero 21
Más compatible con: Géminis y Libra
Piscis - Febrero 21 – Marzo 21
Más compatible con: Cáncer y Escorpio |
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