‘Lazos
fuertes’ es un término usado por el Departamento de
Seguridad de la Patria (DHS por sus siglas en inglés) para
establecer parámetros para otorgar y denegar visas a los
inmigrantes y a los no-inmigrantes. Indica que, para que a una persona
le sea permitida la entrada a Estados Unidos con fines turísticos
o migratorios, debe tener una cuenta bancaria, lazos familiares
o empleo en su país de origen. Esos lazos, junto a una larga
lista de otras estipulaciones son usadas por los oficiales de inmigración
para determinar la elegibilidad para obtener una visa americana.
De cualquier forma, al parecer, en nuestro clima político
actual, los lazos sólidos no son suficientes para garantizar
el acceso a los Estados Unidos, ni siquiera para una pequeña
visita en Navidad, si tienes la característica siguiente:
estableciste una relación personal o de cualquier otro carácter
con una persona americana.
Pensemos en una sanmiguelense de veintitantos cuyo novio americano,
de Milwaukee, quiere pasar la Navidad en Estados Unidos con su novia
que nunca ha salido de México a causa de esos fortísimos
lazos familiares y de su trabajo como maestra en una escuela de
educación básica (piense en “lazos fuertes”).
Después de llamar al 01-900 de la Embajada Norteamericana
en la Ciudad de México (www.usembassy-mexico.gov), le citaron
a entrevista para revisar su solicitud de visa (el tiempo promedio
de espera para entrevista es de 47 días), llenó una
solicitud que cuesta 100 dólares (equivalente al salario
promedio de 1 semana de trabajo en México) pensando que una
pequeña visita a Wisconsin no sería ningún
problema para dos adultos yendo a visitar a su familia. La visa
le fue negada basándose en el hecho de que tiene una relación
romántica con un hombre americano. Le informaron que si ella
y su novio se comprometieran y se casaran en el lapso de los siguientes
90 días, ella podría obtener la visa, pero en ninguna
otra circunstancia le sería permitido obtener su documentación
legal para cruzar la frontera con Estados Unidos. Una vez más,
ella quiso visitar la Unión Americana por un corto periodo,
para los días festivos navideños, teniendo trabajo
como maestra y toda su familia viviendo en San Miguel por generaciones.
Y aún así, como es soltera y relacionada con un hombre
americano, le negaron la visa por razones extra-legales.
De
acuerdo con el Acta de Inmigración y Nacionalidad (INA),
escrita en 1954 y enmendada en enero de 2004 cuando el DHS se hizo
cargo del Servicio de Inmigración y Naturalización,
“cada extranjero debía ser considerado para ser un
inmigrante hasta que él (sic) estableciera a satisfacción
del oficial consular, al tiempo de solicitar su admisión,
que él (sic) posee el estatus de no-inmigrante” (para
más información, vea www.uscis.gov). Contenidas en
el INA hay estipulaciones específicas que determinan a qué
personas pudiera negársele el estatus de visitante a los
Estados Unidos: ejemplos como tener un historial de tráfico
de drogas, terrorismo, deportaciones previas, intentar trabajar
ilegalmente o provenir de un país que apoye actos terroristas
(para acceder al texto completo, vea www.uscis.gov). Lo anterior
combinado con las estipulaciones antes mencionadas (vagamente denominadas
como “lazos fuertes”) se unen para dar forma a una fuerte
política de “Puertas Abiertas”, mientras se mantiene
y refuerza la seguridad nacional a lo largo de las fronteras americanas.
Desde el 11 de septiembre de 2001, la entrada de extranjeros a la
Unión Americana se ha vuelto intensamente burocrática,
especialmente para aquellos cuyos países figuran en la lista
de apoyo al terrorismo. Como resultado de esto, muchos estudiantes,
científicos e investigadores han enfrentado inmensurables
problemas al entrar o reingresar a Estados Unidos para estudiar
y para seguir con la causa de investigación científica
para Estados Unidos y el mundo.
Volviendo al caso de la sanmiguelense y su novio americano, al parecer
ninguna de esas estipulaciones aplicaban a ella, puesto que sólo
buscaba ir a Estados Unidos por los días festivos y luego
volver a México para empezar la escuela en enero. México
no es un país que apoye al terrorismo y nunca lo ha sido.
La familia en cuestión no tiene un historial de tráfico
de drogas ni de participación en actos terroristas. Ella
tenía toda la intención de regresar a su trabajo en
México, no buscaba una carrera en la Unión Americana
y, como nunca ha viajado a Norteamérica, nunca ha sido deportada.
Según uno de los representantes del Consulado Americano en
San Miguel de Allende, esta situación ocurre todo el tiempo
y los funcionarios consulares no tienen ninguna influencia en las
acciones de los oficiales consulares. Después de investigar
este asunto, La Jerga ha encontrado que de hecho no hay nadie que
tenga influencia sobre las acciones de los oficiales consulares,
mismas que son condonadas por el gobierno estadounidense. A pesar
de que “por ley el Departamento de Estado norteamericano tiene
la autoridad de revisar las decisiones consulares, esta autoridad
está limitada a la interpretación de la ley en contraste
con la determinación de los hechos.” (Para más
información, vea www.travel.state.gov y dé clic en
visitantes temporales) Es posible apelar por una visa denegada,
pero el Departamento de Estado únicamente analizará
el caso de acuerdo con las leyes escritas en el INA, mientras que
los oficiales consulares tienen todo el acceso y el control en la
determinación de lo que constituye un “lazo fuerte”
que nunca se define exactamente en este documento (INA).
Después
de consultar el tema con un abogado, La Jerga ha sabido que, en
la experiencia del jurista con la Embajada Norteamericana, el otorgamiento
de la visa depende arbitrariamente de la decisión de los
oficiales consulares y que los solicitantes, muchas veces, son afectados
por los caprichos de éstos más que por cualquier política
específica, y que los aspirantes de países latinoamericanos
como México tienen mucho peores experiencias que los de la
Unión Europea. Los turistas europeos en muy pocas ocasiones
requieren una entrevista, huellas digitales o una visa para ingresar
a la Unión Americana. Como los oficiales consulares no tienen
un documento legal que defina los “lazos fuertes” ni
nadie que les reprenda por una acción extra-legal, dichos
oficiales no tienen razón para ofrecer un trato justo a los
visitantes prospectos, ni siquiera a los vecinos cercanos de México.
Cuando los lazos familiares, laborales, bancarios, de residencia
y una historia de vida en un lugar no son suficientes y una decisión
legal se toma con base en un aspecto personal de la vida del solicitante,
ha ocurrido lo extra-legal. Cuando un solicitante que cubre todos
los criterios señalados es rechazado, el rechazo está
basado en una mala interpretación de los hechos: mala-interpretación
apoyada en los juicios sobre cierta acción potencial de un
individuo más que por los hechos en mano.
Piense en la dependencia que tiene Estados Unidos del trabajo de
inmigrantes ilegales y cómo aquellas personas deseando un
estatus legal otorgado por la visa deben pagar el precio: hay miles
de inmigrantes ilegales quienes van a trabajar en restaurantes,
granjas y compañías de jardinería donde los
dueños necesitas mano de obra barata y trabajadores fácilmente
explotables. Muchas compañías americanas quebrarían
si fueran forzadas a pagar justamente a todos sus empleados, aún
pagando salarios mínimos. A pesar de la retórica política
de control de la inmigración ilegal, los políticos
se benefician de esas olas de gente buscando alimentar a sus familias,
en los artículos que compran y en las inversiones que hacen.
La contradicción es que la gente que busca ingresar a la
Unión Americana de la forma correcta y legal, padece las
opiniones personales, sospechas y prejuicios de los oficiales consulares
americanos, gente que representa la retórica política
de la migración anti-ilegal y que no tiene vigilancia alguna
sobre su conducta. A mí me parece que en lugar de otros cuatro
años de retórica sobre el control de inmigración
ilegal, la Unión Americana debería buscar establecer
una estructura en su procedimiento de migración legal que
influya en preferirlo en vez de la tentación del acceso ilegal.
¿Por qué no buscaría Estados Unidos remplazar
la cantidad de ilegales por inmigrantes legales? Por favor lea la
segunda parte en el siguiente número de La Jerga.
Para más información, por favor entre a los sitios
antes mencionados o llame a la Embajada de Estados Unidos en la
Ciudad de México al 01-900-849-4949. O puede llamar a su
línea de quejas al 01-800-719-2525
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