EL
ÉXITO DE UN BUEN TRASERO
Por José Juan Castañeda
Olvera El
trasero se ubica justo encima de la cara posterior de los muslos,
y en cierta manera, es la espalda de los genitales humanos. Es posible
localizarlo colocando las manos en la parte baja de la espalda,
y deslizarlas suave y delicadamente hacia abajo. Una vez que lleguemos
a una especie de colina naciente, hemos encontrado el inicio. Si
continuamos la senda, escalaremos por la tersa prominencia carnal,
y descenderemos por el otro extremo de la colina hasta toparnos
con los mencionados muslos. Si nuestros dedos fueran curiosos, justo
en medio del trasero, nos hubiésemos topado con una cueva,
introduciéndonos en el interior de peñas peligrosas.
Repito, sólo si fuésemos curiosos. En realidad, la
estructura montañosa está dividida por un barranco,
formando dos montañas gemelas que adornan la desnudez humana.
Son muchas las funciones que podríamos imaginar del trasero.
Dada su suavidad acolchonada nos protege cuando nos sentamos en
superficies duras y rasposas, y de esta forma nos salva de sufrir
severas lesiones en la espalda, el cóccix y las vértebras.
Al momento de desechar los desperdicios alimenticios, se transforma
en un destapa-caños natural, expulsando todo ocupante del
intestino. Pero indiscutiblemente, la función más
admirada por todos los seres humanos, es la de despertar hormigueos
ardientes en los instintos sexuales. Muchas personas han perdido
la cabeza y la vida por un trasero, y casi nadie está exento
de caer en esta situación.
Las nalgas, la cola, el culo, el chiquito, the butt, the ass, es
fuente de innumerables insultos. Cuando hay deseos inevitables de
golpear a alguien, suele recurrirse a la frase: “te voy a
patear el trasero” o “te voy a patear en el culo”.
Los norteamericanos lo utilizan en dos frases célebres, tan
cómicas como profundas: “kiss my ass” o “bésame
el trasero”, utilizada para mandar a la goma a alguien que
no nos es agradable; “you are like a pain in the ass”
o “eres como un dolor en el trasero”, para aclarar o
ratificar que la persona sigue sin agradarnos.

En México, proteger el trasero implica conservar la hombría
intacta. Si aquí alguien dijera “bésame el trasero”,
sería víctima de burlas por andar ofreciéndolo
sexualmente. La virginidad de las nalgas marca la diferencia entre
un heterosexual y un homosexual, aún cuando sea una mujer
la que profane la cueva sagrada.
La
personalidad es resaltada por la forma del trasero. Así como
hay diversas personalidades, hay igual número de culos. Los
hay gordos y bonitos, gordos y feos; flacos y bonitos, flacos y
feos; firmes y bonitos, firmes y feos. Si analizamos la sociedad
actual, el éxito depende en gran medida de la personalidad
que nos proporcione un buen trasero.
Un ejemplo:
Lalo Cabrera y Julián Bárcenas compiten por
el puesto de director general de un periódico. El primero,
un periodista capaz y con varios años de experiencia, ingresa
en la oficina de la jefa para entrevistarse. Entra meneando un trasero
caído, como cabello relamido con gel. Toma asiento, y tiene
que sentarse de lado para no lastimarse el cóccix con esa
fría y dura silla de piel. Una vez terminada la entrevista,
ingresa Julián. Él expone una nalgas no anchas, pero
sí señalando el techo de la oficina, y parecen llevar
un compás con marcha de guerra. Lleva dos años trabajando
en la institución, mucho menos que Lalo. Sin embargo, dada
la personalidad proyectada por el meneo de sus caderas, él
obtiene el trabajo.
Sería un poco aventurado decir que los traseros rigen la
conducta humana. Sin embargo, Freud, el padre del psicoanálisis,
dijo “el sexo mueve al mundo”. Dudo mucho que haya otra
parte del cuerpo que en ambos sexos provoque tanta algarabía
y prestancia con respecto al sexo. Si las nalgas son lo más
llamativo en el proceso de atracción animal, podemos corregir
la frase de Sigmund de esta manera: “los traseros mueven al
mundo”.
Detectar y catalogar las distintas formas de sacudirlas o tan sólo
de exponerlas, sería un buen ejercicio para comprender mejor
el comportamiento humano, y entender la posibilidad, que cabe perfectamente
en toda la historia mundial, de que el impulso que lleve a un individuo
a comportarse o decidir de tal o cual manera, sea un par de deliciosas
u horrendas nalgas. |
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