No
podía pensar con tanto ruido, los autos en la calle, los
niños corriendo en los pasillos del edificio y para acabarla
de chingar el puto vecino de arriba con su estereo a todo volumen
tocando a los Temenacos, me costaba concentrarme, tenía que
encontrar una solución, pero el pinche ruido me distraía,
algo se me tenía que ocurrir,
el pedo es que sólo se me ocurrían pendejadas, ¿cómo
jijos de la chingada iba a robar un banco? ¿Cómo putas
madres iba a raptar a un Senador de
mierda? Pero, de repente, como una premonición, el cristo
que colgaba de la pared de la sala del departamento cayó
súbitamente, y lo más extraño: cayó
de cabeza, parte del madero se rompió y quedó sostenido
sólo por la corona de espinas ceñida a la cabeza de
Jesús. En ese momento me decidí, esa era la única
solución a todos mis pinches problemas, Don Diablo se había
manifestado, si le vendía el alma mis broncas se solucionarían,
el pedo es que yo no sabía como carajos se le vendía
el alma a un Demonio. Lo primero
que se me ocurrió fue ir al mercado de la soledad por unas
velas negras, tal vez hasta conseguiría un folletito de ritos
satánicos, pensé en comprar una gallina para desollarla
y ofrecerle su sangre, me puse una gorrita para aplacar los pelos
que me cargaba después de una semana sin bañarme,
agarré una bolsa como las que usaba mi
jefa para ir al mandado y salí en chinga hacía el
mercado.
No es fácil trasladarse en mi ciudad si no tienes automóvil,
el transporte público es una mierda, mi colonia está
apenas a unos 5 kilómetros del centro y sin embargo el recorrido
me llevó casi una hora, me sentía desesperado, me
asustaba que Satán se arrepintiera, que para cuando regresara
a casa el Cristo estuviera nuevamente en su lugar, como si nada
hubiera pasado y que por más que lo invocara no recibiera
respuesta.
Por fin llegué al lugar, un pequeño cuartito debajo
de un puente frente al
mercado, ahí te vendían yerbas para curar todo tipo
de males, rosarios, Budas, oraciones a la Santa Muerte y otras cosas
por el estilo…por un momento pensé en que en este lugar
se encontraba el pase a la felicidad que todo el mundo busca, remedios
para el amor, para el desamor, para el cáncer, para la migraña,
para el que no se le para el pipí, para adelgazar, para ser
más inteligente, más rico, más joven, más
culto, en pocas palabras, ahí te quitaban hasta lo pendejo.
Una señora muy amablemente me preguntó que se me ofrecía,
yo no me anduve con rodeos, “Quiero venderle mi alma al chamaco”,
ella sonrió y me dijo: “Eso le va a salir bastante
carito joven, el Diablo es caprichoso y requiere muchas ofrendas”,
tomó la bolsa recuerdo de mi visita a San Juan de los Lagos
y empezó a meter cosas raras, una cruz negra, un chingo de
yerbas, un huevo duro, una pata de conejo, una corona de ajos, un
monito negro que se parecía a Memín Pinguín
y unas fotos de Marilyn Manson. “¿Cuánto debo?”
pregunté, “Nomás DOS MIL PESITOS mi niño”.
¡PUTA MADRE! Casi me cago, si tuviera DOS MIL PESITOS no estaría
necesitado de venderle mi alma al Papá de Mr. Bush, “nomás
traigo DOSCIENTOS VAROS doñita, bueno, CIENTONOVENTA Y CINCO,
porque necesito pagar el camioncito de regreso a mi cantón”;
la ruca puso cara de enfado y sacó de la bolsa todo lo que
había anteriormente introducido, y con voz fúrica
alegó, “¡ah qué chamaco tan baboso, qué
manera de hacerle perder el tiempo a una!, pos por sus CIENTONOVENTAYCINCO
PESITOS nomás le puedo dar está hojita con un rezo
para el Sr. de los Infiernos, no es tan efectivo como todo el amigo
kit que le ofrecía, pero es pa’ lo único que
le alcanza”. “Ni pedo”, dije. Agarré la
hojita y me dirigí de retorno a mi cantera.
Por
extraño que parezca encontré un asiento vacío
en el camión y tuve oportunidad de leer la oracioncita:
SATÁN SEÑOR DE LOS INFIERNOS
ESCUCHA MI PLEGARIA
SATÁN SEÑOR DE LAS SOMBRAS
LIBERA MIS ATADURAS
SATÁN SEÑOR DEL INFRAMUNDO
LIBERA MIS ATADURAS
Me lleva la chingada, CIENTONOVENTAYCINCOPESOS por 6 PINCHES 6 renglones,
esperaba que funcionara, me urgía llegar a mi humilde morada
para invocar al Satánico y que me liberara de mis pedos.
Por fin llegué a casa, saqué un gis y me dispuse a
dibujar un pentagrama en el piso de la sala, la neta no sabía
para qué chingados, pero recordaba haber visto algo así
en una película de Pedrito Fernández, ya picado, además
del pentagrama dibujé una cruz invertida, un símbolo
de anarquía, el rostro de Charly Manson junto al de la tigresa,
una suástica hitleriana, el escudo del PRI y varios íconos
que me recordaban cosas muy mefistofélicas, todo con el fin
de darle confianza al patas de cabra y así se apareciera
mas prontito.
Justo cuando me disponía a iniciar la oración, se
escuchó una carcajada medio macabrona, provenía del
baño, la neta me espanté y salí corriendo del
depa, cuando iba a media escalera me arrepentí y regresé,
las carcajadas seguían escuchándose, cada vez más
fuerte, cada vez más horripilantes; me armé de valor,
me apreté los huevitos y me dirigí al water, mientras
más me acercaba, más fuertes eran las risotadas, abrí
la puerta y casi me voy de nalgas: él estaba ahí,
lo peor de todo es que no sólo estaba ahí, estaba
cagando el muy cabrón, cagando en mi bañito, lo que
sea de cada quien, el puto debe tener buenos hábitos alimenticios
por que su caca no apestaba, podía percibir cierto olor a
azufre, pero ese era el olor mismo del diablo, no de su caca. La
verdad es que la imagen era simpática, hasta el pinche miedo
se me quitó, se veía muy chistosa su colilla moviéndose
de lado a lado junto a la taza… pero ya no se las hago más
larga, el diálogo entre Belcebú y su servidor fue
más o menos así:
Diablo: Pasa, no te quedes ahí
Yo: Nel, aquí estoy chido
Diablo: ¿Para que me necesitas?
Yo: ¿Yo?
Diablo: Sí Pendejo, tú.
Yo: ¿Cómo sabes que te necesito?
Diablo: Pues porque soy el Señor y yo todo
lo sé.
Yo: ¿Y si ya lo sabes para qué chingados
me preguntas?
Diablo: Pues para ver si tienes los huevos de decírmelo
de frente.
Yo: Qué cabrón serás, pos
la neta es que quiero hacerte una oferta, tengo unos pedos muy gruesos
y necesito de tu ayuda, ya pensé en todas las opciones y
creo que sólo tú puedes ayudarme.
Diablo: Y, ¿qué es lo que necesitas?
Yo: Pues dinero y si se puede, no estaría
mal un poquito de poder.
Diablo: ¿Para qué necesitas el Dinero?
Yo: Para pagar una deuda, la neta es que soy jugador
compulsivo y perdí CINCOMIL LANAS jugando a la rayuela y
el puto que me ganó ya me amenazó, si no le pago mañana
a las 8 de la mañana me va a colgar de mis volovanes.
Diablo:
Y, ¿qué ofreces a cambio?
Yo: Pues no tengo mucho, pero sé que tú
te dedicas a la COMPRA-VENTA de almas mortales, así que,
pues te ofrezco la mía.
Diablo: No sé, ya estoy hasta la madre de
sus pinches almitas, la verdad es que ése ya no es negocio.
Yo: Entonces, ¿qué propones?, ¿qué
puedo tener que te interese?
Diablo: Dices que eres jugador compulsivo, quizá
tú y yo podamos jugar a algo, si tú ganas, te doy
los CINCOMILPESOS y hasta te puedo conseguir que te vuelvas diputado
o algún trabajo de esos en que ganes dinero sin trabajar.
Yo: ¿Y si pierdo?
Diablo: Nada, simplemente dejaré que los
que te quieren chingar te chinguen, eso será suficiente para
mí.
Yo: Ya está, que más puedo perder,
pero, ¿en que consistirá el juego?
Diablo: Pues algo simple, qué te parece
jugarlo en tres volados, el que gane dos de los tres es el chingón.
Yo: Ya rugiste, ¿quién lanza la moneda?
Diablo: Yo lanzo, tú eliges.
Yo: Sale, ÁGUILA
Yo otra vez: ¡Tómela puto!, ahí
está, es aguilucha, voy ganando uno a cero
Diablo: El siguiente…
Yo: Otra vez aguilita, en éste te chingo.
Yo de nuevo: PERRA GUANGA MADRE, ora sí
me chingaste, pinche sello, culero, pero falta el definitivo, en
éste si te la voy a dejar ir.
Diablo: De acuerdo cabrón, ahí va
el bueno.
Yo: Águila otra vez.
Yo Feliz: Yabadabaduuuuuuuu, te chingué
pinche diablo cabrón, te chingué cabrón, ora
cumple puerco, échame la lana y ve moviendo tus influencias
pa’ que me la den de diputado.
Diablo: Ni hablar, seré muy hijo de la chingada,
pero tengo palabra. Ahí está la lana y preséntate
mañana en el Congreso, hoy hago que se muera cualquiera de
los hijos de la chingada para que te pongan a ti como suplente,
felicidades y nos vemos pronto.
Yo: Pérate cabrón, como te vas así,
te doy la revancha pa’ que veas que soy a toda madre, vamos
doblando la apuesta.
Diablo: Órale pues wey.
Yo
al día
siguiente: Señorita enfermera, ¿me podría
rascar una cuarta abajo del ombligo? con los pinches brazos enyesados
no me alcanzo.
Enfermera: Pues se chinga joven, ni que fuera
usted diputado pa’ que le ande rascando sus cositas, además
el sindicato del seguro me prohíbe tener contactos tan
cercanos con los pacientes
Yo: Ándele no sea malita, le apuesto CINCOMIL
PESITOS a que no nos cachan, es más le apuesto DIEZ MIL
a que le va a gustar...
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