
Estás atorado en
el corazón de México. Corrido de Querétaro,
una vista poco acogedora en SMA, demasiado intimidado por el DF
y demasiado lejos de la playa. ¿Qué haces? Desconocido
por la mayoría, la Mosca es lista y siempre vuela hacia el
sol. En este caso el viejo radar dijo (En tono de susurro mental)
“la capital del estado, ve a la capital del estado; Guanajuato,
Guanajuato” (En voz mental normal) “Parece un buen plan.”
(Repitiéndose en tono de susurro mental) “Guanajuato,
Guanajuato”. (En voz alta y profunda, con actitud retadora)
“Vámonos.”
A mi llegada aterricé en El Botañero (Alonso
y Barranca, Zona Centro). Trato de omitir los bares deportivos
como regla, pero éste parece haber librado el radar por ser
agradable y tranquilo. La distribución es cómoda para
el ojo sin entrenar, y el personal escuchó mis halagos al
estupendo Oso Negro mexicano – Maravilloso. El Botañero
hará más que cubrir tus necesidades de ver los eventos
deportivos cualquier domingo o servir como humilde punto de arranque
cualquier noche. Quién sabe pues, tal vez más tarde
se descubren los “tubos”, se da la señal y el
infierno se deja venir. Mantén una mirada sucia en este bar.
Ah, como beneficio adicional, hace honor a su nombre trayendo a
tu mesa sabrosas botanas para cubrir tus requerimientos de energía.
Ahora, tengo que admitir que soy un fan de los establecimientos
que están subterráneos. Ya sea un refugio anti-bombas,
un sótano oculto o un hoyo de alguna cosa medio tenebrosa;
con que medio esté debajo de la capa terrestre me gusta,
me gusta mucho. De la misma forma en que me gusta fajarme a mis
ex-novias, sabiendo que siempre estaré condenado a terminar
con el corazón roto. Ocio (Av. Juárez a dos
puertas del Bancomer) tiene un estilo que toma un poco
de ambas ideas anteriores. Me encanta la sensación subterránea,
pero no tiene ninguna ventaja a final de cuentas. De cualquier modo,
las paredes me dijeron que nunca sabes cuando la suerte loca andará
desatada por ahí, por lo tanto yo lo añadiría
a mi lista de “ve cuando andes buscando un sitio tranquilo
para ver qué pasa”. Esa noche nada pasaba, así
que me fui a seguir rondando por ahí.
Si no puedes encontrar un poco o algo entre los espacios de los
múltiples pisos del Bar Ocho (Constancia No.8, atrás
del Teatro Juárez), tus ojos deben estar dañados
o en algún tipo de neblina de tonta realidad. Quizás
encuentres aquí a dos ángeles que armonicen con las
bellas capillas que ves afuera por el balcón del segundo
piso. Tal vez te pongas a hablar tonterías con gente de sospechosa
identidad sexual. O a lo mejor juegas billar como un perro y te
ganas el mundo. Tal vez. ¿Quién sabe? La magia del
Bar Ocho es que nunca sabes. Entra, sube las escaleras y ve qué
pasa. Se ganó un “asterisco” en la Escala Mosca.
[Alerta de laguna mental por parte del Editor: La Mosca olvidó
por completo que también visitamos La Dama de las
Camelias (Sopeña No.16 entre las casas con número
30 y 34, Zona Centro). Era como clase nocturna de salsa
para mayores de 40 en La Dama. A lo mejor nos la hubiéramos
pasado bien, pero nunca lo sabremos, porque La Mosca raudamente
se envolvió en una discusión con los meseros cuando
ellos se rehusaron a hacerle un descuento en el precio del vodka.
La decisión de volar vino de inmediato.]
Los Lobos (Sopeña No.17, Zona Centro) estuvo cerrado
esa noche, pero vale la mención. Éste es un bar agradable
con buena música y gente chida. Dile cabrón a cualquiera
y verás como se le resbala.
Continuando el recorrido, Bar Fly (Sóstenes Rocha
30, a un costado del Teatro Cervantes) es el último
antro al que fui. Está lleno de neo-hippies bonitos, fashion
y amantes de la diversión, y el acomodo del lugar es de primera.
El menú de alimentos se veía delicioso y tentador,
tenían una selección impactante de comida Tai –
pero nada de kan kien wan gai, un pequeño olvido. También
hubiera estado sensacional ver algo de comida Hindú en su
carta, esto los hubiera puesto en las grandes ligas. Lo que sí
tienen, es una colección impresionante de hookahs y música
medio bohemia en vivo que, en la noche, genera una armonía
apropiada. Un lugar al que bien vale la pena ir a echarse un trago,
pero ve preparado para la masa conformada de inconformes.
Al final de todo, yo tan estaba feliz en Guanajuato como una mosca
en la caca. El camino de Guanajuato a San Miguel es una delicia
por sí mismo y vale el costo de admisión solito. Demonios,
parece que también hay algunas cosas que hacer de día
para esos güeyes que les gusta la luz.
Sólo recuerda, los cuates que te llevan hacia tu jornada
espiritual necesitan tu apoyo y amor. ¿Te lo explico mejor?
Deja una buena propina, tan grande que avergüence a John Holmes
(o a la Mosca de Bar). ¿Quieres guiar a la Mosca de Bar?
Mándame un mail con los detalles del antro de tu preferencia
a mosca@lajerga.com.
Tip de la Mosca: aguas con las carreteras y andadores
en Guanajuato. Pueden pasar de ser un paseo increíble a convertirse
en base de lanzamiento de monos espaciales a penas en 0.5 borracho-segundos.
(Hecho pseudo-científico: 1 borracho-segundo es igual a aprox.
3.729 segundos de claridad mental).
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