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Zelu Lloyd
Algunas películas rodean a las acciones, otras a un personaje y otras a una idea. Yo suelo preferir las que parten de una idea, pero en esta ocasión me quedé traumado con dos películas “de personaje” que les comparto ahora… ambas relatan vidas que dan un vuelco completo.
Nuestro primer personaje es un hombre castrado… no, no es Farinelli; Barry Egan está castrado psicológica y emocionalmente, tanto por sus ¡siete! hermanas como por su empleo y, en general, toda su vida. La película, dirían hollywoodenses, literalmente “Comienza con un Bang”: un automóvil vuela por los aires frente a su planta y da una marometa frente a él; de inmediato, alguien deja un armonio en la calle, sin razón, y se va.

Avanza la historia, pasando de lo incomprensible a lo desquiciante; Barry colecciona cupones para ganarse un boleto de avión que no quiere, tiene encuentros liberadores con el armonio, sus hermanas se burlan de él y lo acosan, la chica de una línea candente lo extorsiona, lo corren de los restaurantes… a lo largo de todo esto Barry nunca deja escapar una mirada molesta, ni un asomo de rencor. Todo lo desquita siempre contra las ventanas o baños..

Hasta aquí todo va mal, como suele ser para el aislado protagonista, pero la misteriosa chica que su hermana le quiere forzar, lo visita sin escolta. En algún momento, Barry no se escabulle más al verla venir… Y comienza la única aventura romántica que me ha extraído tanto lágrimas como fuertes impulsos asesinos. Justo cuando sus depredadores atacan a la mujer que comienza a amar, Barry los mira a los ojos y retira la otra mejilla. ¡Ese es mi Barry!
La segunda película termina siendo más para todo público, en más de un sentido. Pedro Quiroz, un hombre normal, mecánico de oficio e ilusionado con un nuevo matrimonio, comienza contento su vida familiar. El tiempo da saltos constantes, mostrando las altas y bajas económicas que coincidían con el nacimiento de sus hijos, los distanciamientos y reencuentros con su esposa, los desencuentros con su familia. Nunca perdemos de vista a Pedro, desde que comienza a desanimarse hasta un accidente nocturno (que hay que ver para creer) causado por el alcohol le sume en una prolongada depresión y obliga a buscar ayuda psicológica y emocional… y obtiene más de lo que espera.

El primer psicólogo es bastante cómico; provee buena parte de la chispa necesaria a la historia justo cuando uno quiere cortarse las venas. Pedro, justamente salva sus venas. Comienza una enorme transformación; su ropa cambia de colores oscuros a amarillo, color con que cubre su carro. Comienza como una broma, pero cada vez se acostumbra más a sonreírle a extraños y tratar de levantar el ánimo de cualquier persona. Improvisadas palabras de entusiasmo a extraños se van convirtiendo en una limitada serie de “slogans” personales y un repetitivo (o, santo cielo, que repetitivo) grito de guerra: “¡Ánimo!”

Esta película también termina en una metamorfosis enorme, con el otro triste Pedro subiéndose espontáneamente a los camiones y gritando: “Ánimo” y algo como “¡Nueve Siete Nueve! Más puede el que Quiere que el que Puede!” a completos desconocidos, a todas horas, en todo lugar. No apta para niños de esos que duran una semana imitando a los héroes (por el bien de todos).
Respuestas: Pedro es cariñosamente apodado “El Ánimo”, o “El Mecánimo”, promoviendo su taller. Casi todos los días se le puede ver por las calles de la ciudad, levantando espíritus… se quiera o no. NO se pierdan”Punch Drunk Love” (Embriagado de Amor) protagonizado dignamente por ¡Adam Sandler! (Barry Egan)y es todo un espectáculo que los hará tanto suspirar como rabiar sin control.
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