Tuvimos
el gran honor y placer de entrevistar a César Arias de la
Canal, Director del Jardín Botánico ‘El Charco
del Ingenio’ quien compartió con nosotros la información
y las leyendas siguientes.
El Charco del Ingenio es patrimonio de San Miguel. Patrimonio Ecológico
por su biodiversidad, escénico por su belleza fotográfica,
e histórico porque ha tenido una gran cantidad de actividades
a lo largo de los años. Ahí se construyeron molinos
de agua llamados “batanes”, acueductos, presas y atarjeas
– porque el agua corría a través de El Charco
permanentemente. Había un manantial que se vaciaba en el
Río San Miguel, que en estos días sólo se llena
en la temporada de lluvia. Antes el río solía correr
durante todo el año, y desde el siglo XVI, fue una fuente
de fuerza hidráulica.
Durante los primeros años de la Conquista española,
en el año 1570, está registrada la construcción
del primer molino de agua, también llamado Ingenio. La palabra
Ingenio no se usaba como hoy en día, sólo para referirse
a los azucareros. En el siglo XVI se usaba para cualquier trabajo
del ingenio humano o para cualquier aprovechamiento del agua con
fines industriales. Y El Charco tuvo el primero, luego otro y después
muchos más a lo largo de tres siglos. Así como la
zona industrial de Querétaro, la zona industrial de San Miguel
El Grande fue El Charco del Ingenio. Uno se puede imaginar la cantidad
de trabajo y actividad económica que existió. El Charco
no formaba parte del territorio de las comunidades indígenas
o repúblicas de indios que se encontraban al sur de Correo,
donde actualmente se ubican las colonias de Valle del Maíz,
Guadiana, Chorro y Ojo de Agua. Al norte de Correo se hallaba la
villa española y El Charco del Ingenio formaba parte de ésta.
Había varias familias que eran propietarias de estas tierras
y una de éstas en particular, había establecido su
obraje ahí.
El jinete sin cabeza
La familia Sauto llegó en el siglo XVII proveniente
del país Vasco en España y compró tierras en
esta área para construir sus obrajes, que fueron molinos
usados para la producción textil, la industria más
fuerte en San Miguel durante aquellos tiempos. Baltasar Sauto fue
uno de los principales dueños de esas factorías al
final del siglo XVIII. Aparentemente, Sauto se peleó con
otras familias criollas y españolas que también eran
propietarias de manufacturas. Se dice que Sauto era muy cruel, despótico
y duro con sus trabajadores y parece que un día mató
a dos de ellos. Este fuerte incidente dio origen a la primera huelga
registrada en la Nueva España en El Charco del Ingenio.
Los trabajadores de Sauto se revelaron y tuvieron que intervenir
autoridades de la Ciudad de México. Los jesuitas también
vinieron para tratar de calmar las tensiones y mediar los intereses.
El suceso se encuentra documentado en el Archivo General de la Nación,
donde hay una investigación sobre el incidente.
Derivado de este hecho, Baltasar Sauto fue transformado a través
de las leyendas en una persona horrible, como si fuera el más
cruel de los hombres en el mundo y no era así. Sólo
que aquellos que le acusaron, resultaban ser sus más fuertes
competidores: las familias Canal y Aburto. Fue acusado ante la Real
Audiencia de México, la cual vino y le hizo un juicio. Como
resultado de lo anterior se empezó a extender una imagen
de él como un muy mal hombre. Y es ahí donde comienza
la leyenda de El Charco del Ingenio que dice que en las noches de
luna llena, exactamente a la medianoche, cuando suenan las campanas
en el oratorio, un jinete sin cabeza aparece en El Charco del Ingenio,
desciende por el obraje, pasa el mercado y galopa a través
de las calles solitarias de San Miguel El Grande. Esta es la misma
leyenda que cita Leobino Zavala en su libro “Tradiciones y
Leyendas Sanmiguelenses”.
La
leyenda del Chán
Mucha gente usa la palabra ingenio para decir ‘diablo’,
‘amigo’ o ‘el ingenioso’. También
solía ser una forma de describir esos obrajes textiles. En
El Charco realmente no podemos hablar del diablo como es concebido
por los judeocristianos, pero sí de diablos prehispánicos.
La leyenda del Chán es la más fuerte de las leyendas
en El Charco del Ingenio. Ésta describe un espíritu
que es el guardián de las aguas del manantial del Charco
y corresponde a los espíritus del inframundo de la cosmología
mesoamericana. En ella existían los habitantes de la tierra,
los humanos; los habitantes del cielo y los habitantes del inframundo,
bajo la tierra.
Y bajo la tierra estaban los seres no humanos como los duendes y
los elfos, pero en versión mesoamericana, llamados chaneques.
Son criaturas pequeñas y extrañas, como monos. No
son humanos, pero se relacionan con ellos y algunas veces son traviesos,
problemáticos y asustan terriblemente. El Chán es
uno de esos personajes y es el guardián de las aguas termales
del manantial, la poza, las cuevas y de todo el cañón;
que por su propia topografía es un lugar misterioso e inspira
esos sentimientos.
El Chán no se limita a San Miguel, pues San Diego de la Unión
también tiene un Chán. Al parecer es un mito regional
posiblemente de proveniencia otomí o chichimeca. Por lo tanto
el Chán es un personaje que espanta y aquel que se acerque
mucho puede hacerlo enojar y el Chán puede asustarlo o llevárselo.
Y es posible que las personas que solían nadar en El Charco,
donde antes había algas, se hayan enredado en ellas ahogándose.
Y como resultado de esto, la gente asoció esas muertes con
que el Chán se los había llevado.
La altura del agua siempre se mantiene gracias a que el manantial
fluye constantemente. Éste es uno de los pocos que quedan
en el área. Hay historias que hablan de que nadie conoce
la profundidad del Charco. Nunca se han hecho investigaciones y
tampoco se planea hacerlas, para preservar el misterio. Es muy posible
que haya sido una fosa de sacrificio, como los cenotes, porque hay
una piedra sobrevolada que está plana y pulida como si la
hubieran acomodado. Hay toda una tradición oral que se ha
mantenido a lo largo de los siglos y la gente sigue recurriendo
a ella. Entonces el Chán es el espíritu del inframundo,
ese travieso espíritu que protege y que puede ser terrible
a veces.
La Cueva de Chuchuy
En los inicios del siglo XX hubo un bandido llamado Chuchuy,
quien asaltó a mucha gente alrededor de San Miguel. Dicen
que Chuchuy evadía a los soldados que le perseguían
entrando al cañón de El Charco del Ingenio. El desconcierto
de los soldados engañados, era porque desaparecía
completamente y después reaparecía al otro lado del
pueblo o por los Picachos. Cuentan que podía entrar en una
cueva y salir en algún otro lado de San Miguel, nadie sabe
exactamente dónde, tal vez en alguna casa. Hay muchas leyendas
sobre Chuchuy y su cueva en la que guardaba el oro robado.
Leopoldo Estrada, uno de los que más ha investigado y cuidado
El Charco del Ingenio, ha estado en la supuesta cueva de Chuchuy
y concluyó que no hay manera de seguir porque ha pasado mucho
tiempo desde que fue cavada. También se ha dicho que al paso
de los años muchos han tratado de recuperar el oro de Chuchuy,
pero aquellos que entran en su cueva nunca salen. 
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