 
Manejamos al interior
del pequeño estacionamiento de Bangkok en Querétaro.
Era una noche de sábado a las 20 horas, temprano para la
gente de Querétaro, así que éramos los únicos
clientes en el restaurante. Había bastantes personas en el
lounge-bar, una zona semi cerrada en el exterior tipo palapa, brillantemente
amueblada. La parte central del restaurante era una sala larga,
moderna, bien iluminada y en forma de L rodeada por ventanales de
tres metros de altura en la cual probablemente caben 60 personas
cómodamente sentadas. Tienen una fuente grande, serena con
cascadas que se supone indujeran un sentimiento de tranquilidad
y, posiblemente, una atmósfera de meditación. La música
electrónica chill out irrumpiendo del lounge en la puerta
de al lado, destruyó esa posibilidad. La combinación
de la fuente, la música, el movimiento de las sillas y las
mesas sobre los pisos de madera y mármol, así como
las pantallas que presentaban ballenas asesinas en plena caza, hacían
imposible concentrarse en la conversación que se sostenía
en la mesa.
Los meseros fueron cordiales, pero empezaron a presionar agresivamente
para elegir las bebidas antes siquiera de traer el menú.
Preguntaron si queríamos que nos sirvieran vino con nuestra
comida. Los miré desconcertado y les pregunté qué
clase de alimentos servían. Nos dijeron que era una combinación
de comida tai y mexicana. Recordé los días que pasé
en Tailandia y a menos que fuera cocina francesa o europea, mayormente
bebimos las cervezas locales con la comida. ¡Así que
deberían respetar los Acuerdos entre la comida mexicana-tai
y la cerveza, además de promoverlos!
Empezamos
ordenando las entradas. Alguien pidió el Mar y Tierra Tailandesa,
una combinación de brochetas de camarón y pollo empanizados,
con dos distintas salsas para acompañarlas; una de vinagre
condimentado y otra clásica de Asia elaborada con cacahuate,
ambas excelentes. La segunda entrada se llamaba Prik Haeng era un
chile ancho relleno de atún, cocido y cubierto con una salsa
de cacahuate y trozos de almendra tostados. Sin mucho sabor, pero
la presentación de ambos platos fue maravillosa. A solicitud
popular, la sopa elegida fue el Caldo de Camarón Tai, preparado
con leche de coco con trozos de vegetales, hongos asiáticos
y camarones, probablemente el mejor plato de la noche.
Alguien pidió Pad Thai Kai Geng, un pad tai evidentemente
pasado de cocción (casi de la consistencia del fettucini)
con pedacitos de pollo. Insípido y muy llenón. Otro
plato interesante fueron las Escalopas de Ternera en Salsa de Mostaza,
una versión mexicana-tai de las escalopinas de ternera, cubiertas
con una ligera salsa de mostaza y acompañadas por un espagueti
aderezado en mantequilla y pimienta, muy deleitable. Ravioles de
Carne Rellenos de Duxcell, de hecho eran pequeños filetes
de res salteados en salsa de almejas, rellenos de vegetales y unidos
en forma de ravioles tradicionales.
El último plato que pedimos fue Salmón Fresco en Curry
Amarillo, dos grandes trozos de filete a la parrilla cubiertos de
un ligerísimo curry amarillo y acompañados con pimientos
y hongos asados —¡excelente opción, mi amigo!
Compartimos tres postres entre nosotros cuatro. La Noche Tailandesa
consistía en un pastelillo de chocolate relleno de cerezas
negras y cubierto de mousse de mango y caramelo. Exquisito. El Guay
Taag Tog que es un plátano macho verde que fríen entero
y luego cortan en gruesas rebanadas y que bañan en kirsch
al servirlo. Diferente, pero muy paladeable y creativo. Por último
el Mousse de Limón con Coco, éste es el postre más
parecido al Key-Lime pie que he probado, excelente.
Observaciones:
• Estuvimos en el restaurante en dos ocasiones distintas.
La primera, estaba lleno y en esta última ocasión
estaba a un cuarto de su capacidad al momento en que nos fuimos.
En ambas ocasiones hubo problema con el ruido, haciendo que las
conversaciones deban mantenerse alzando la voz. La combinación
del alto volumen de la música, los pisos laminados, la fuente
y las imágenes en las pantallas de las ballenas asesinas
destrozando otras especies, sólo podría describirse
como: ¡saturación de información!
• Descubrimos que el tiki-lounge es usado por la generación
joven de la ciudad como un punto de encuentro. Está brillantemente
iluminado con un mobiliario moderno y casual y es un buen lugar
para encontrarse y empezar con unos tragos para después seguir
con la diversión de la noche.
• Los precios fueron moderadamente altos y los platos varían
entre los $60 y los $135 pesos. A pesar de que no tomamos vino con
los alimentos (sólo cerveza) el costo final, por persona
incluyendo propina, fue de aproximadamente $290 pesos.
Sugerencias:
• ¿Por qué no bajarle un poquito a
la música? ¿Es de verdad indispensable tener televisiones
en un restaurante de primera clase? Mejor sólo déjenlos
en el lounge.
• Les sugiero que presten atención a su estacionamiento.
Tenían un caos cuando el restaurante sólo estaba a
un cuarto de su capacidad.
• Por último, continúen cambiando el menú.
Tienen un restaurante de especialidad, pero no deberían limitar
las opciones que hay en su casa. Sugiero que ofrezcan un especial
del día formado por una entrada, una sopa y un plato fuerte.
De otra manera, esperamos verlos en el futuro.
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