| (Tiempos,
eventos y citas están sujetos a mi nublada y decadente
memoria)
Día Uno
Llego al Aeropuerto Internacional de León
a las 2:45 pm con Diego Carrillo, el más sobrecalificado
chofer desde Albert Pennyworth, de Batman. Nos encontramos con
la seguridad pre-contratada para detallar y revisar algunos procedimientos
básicos. Los dejo para checar el estatus de la llegada
del vuelo mientras Diego y el equipo de seguridad discuten con
los policías del aeropuerto por nuestra grandiosa elección
de estacionamiento. “¿Este no es un lugar apropiado
para estacionarnos?” digo con mi mejor imitación
de Raul Duke al tiempo que dejaba la van frente a la entrada del
aeropuerto—definitivamente una zona prohibida en la mayoría
de los aeropuertos internacionales después del 9/11.
Llegamos temprano, el vuelo está en el tablero pero todavía
no ha arribado. Pero no estamos solos. Hay al menos un camarógrafo
y otro fotógrafo merodeando entre la multitud de amigos
y familias esperando a los otros pasajeros. Son dos más
que los que debían estar, dado que nadie iba a ser notificado
de la llegada de nuestra carga. El tablero indica que el vuelo
ya aterrizó y ya están conmigo Diego y el equipo
de seguridad. No llevamos ningún letrero, sólo botellas
con agua fría y esperamos reconocer al hombre en cuanto
lo veamos. Oliver Stone es un hombre que difícilmente pasa
inadvertido, con su estatura de 1.83 m y su ancha espalda, es
más grande de lo que pensé. Le sigue su comparativamente
pequeña esposa, Chong, y su hija de 10 años, Tara.
Los saludo a todos y les doy la bienvenida a México. Stone
es estoico, trae los ojos cubiertos con unas gafas de sol cobrizas
y se ve un poco cansado por el viaje.
“So what are we doing here Daniel?” me pregunta mientras
analiza tranquilamente la situación.
“Bueno, vamos a permanecer juntos y a caminar hacia aquel
estacionamiento,” apunto hacia donde nuestra van está
esperando. “Él es nuestro conductor, Diego, y estos
caballeros son nuestra seguridad. Y si me siguen, nos vamos.”
“You hear that Chong?” Stone expresa retóricamente
mientras se aleja. Chong todavía está peleándose
con sus maletas, todas las cuales todavía no son recogidas
por el carrito del equipaje. La pequeña Tara está
esperando algún tipo de instrucción de su madre.
Y Stone se ha ido.
Yo me quedo atrás con la esposa y la hija mientras una
parte de nuestra seguridad sigue al Sr. Stone. Finalmente se da
cuenta que va caminado solo. Se detiene y sin mirar atrás,
casi percibe su soledad con sensores invisibles que se extienden
a los lados de sus gafas. “Now come on guys,” Stone
le implora a su familia, “we have to stick together!”
Le ayudamos a Chong con su última maleta y nos reunimos
con el Sr. Stone en un apretado grupo. Mientras nos aproximamos
a la cuerda que nos separa de las multitudes, micrófonos,
cámaras y reporteros nos abordan inmediatamente. ¿De
dónde salieron todos ellos? ¿Cómo supieron?
Formamos una valla protectora alrededor de la familia, pero hay
al menos 3 veces más de ellos que de nosotros. Mientras
nos dirigimos hacia el estacionamiento, ellos empiezan a aplastarnos
y la van que nos está esperando todavía está
a 15 metros de nosotros. Tengo que empujar unas cuantas cámaras
y reporteros para hacernos camino, pero la mayoría de los
periodistas nos dan espacio.
“El sábado”, sigo repitiéndoles, “Él
responderá sus preguntas el sábado”. Escucho
unas cuantas quejas de mis compañeros de la prensa y algunos
agitan con desaprobación en mi cara sus acreditaciones
de Expresión en Corto—dejándome con una ligera
sensación de traición mientras las puertas de la
van se cierran frente a sus molestas caras. El sentimiento pronto
se disipó.
Un gran respiro de alivio se escucha desde la parte posterior
de la van. Una ronda de botellas con agua para todos. Nos volvemos
a presentar, ahora que estamos fuera del caos.
“So where are we Daniel?” pregunta Oliver. “Guano-goto?
Or San Miguel?” Le explico que estamos dejando Silao y que
nos dirigimos a la capital del estado de Guanajuato. La familia
se pasa un rato tratando de pronunciar correctamente el nombre
de la capital. Tara casi lo logra a la primera. Diego, que es
parte de la Secretaría de Turismo del Estado, amablemente
les explica el significado detrás del nombre de la ciudad
en su fluido inglés.
“When do we get to San Miguel?” Cuestiona Oliver.
Amablemente le explico que la parte del festival que ocurre en
San Miguel ya ha concluido y que ahora estamos en la siguiente
etapa. “What? I thought I was going to San Miguel? I’ve
heard so much about it. We must go.” A pesar de que el viaje
a San Miguel no estaba previsto, tenemos tiempo todavía
para hacer algunos pequeños ajustes.
“Por supuesto, no hay problema”, le aseguro asumiendo
que Sarah Hoch, la Directora de Expresión en Corto no me
matará por jugar con su ajustado horario.
“When we get back to the room, I need you to help me get
on the Internet,” solicita cortésmente Stone. Hago
una larga pausa. “There’s internet, right?”
corrobora. La familia se está hospedando en uno de los
más lujosos hoteles de Guanajuato, pero por alguna razón
tengo la sospecha de que no hay Internet en su suite. El hotel
rústico es conocido por su exclusividad y lejanía,
no por su practicidad y tecnología.
“Déjeme checárselo”. Respondo tímidamente.
Alrededor de una hora más tarde Fernando Camargo, el gurú
del gobierno estatal en Tecnologías de la Información,
está en la habitación de Oliver haciendo un cableado
que viene desde abajo en la recepción, sale por la ventana
y entra por la de Stone en el segundo piso y va a su computadora
sobre un escritorio de madera que hicimos poner especialmente
para él. Físicamente, poner en red la computadora
de Stone no es problema. Obtener los códigos DNS correctos
desde el chafísima proveedor de ISP del hotel (antes de
que se acabe su día laboral) es otra historia. Cuando finalmente
logramos poner al Sr. Stone en línea, se siente decepcionado
al darse cuenta de que no puede checar su correo electrónico
porque el mismo ISP restringe ciertos sitios. Fernando dice que
lo hacen para prohibir a los empleados entrar a determinados sitios,
tales como chat rooms o sitios porno.
“¿Quieres decir que el gobierno de México
me está censurando?” Pregunta Stone.
“No señor, no es el gobierno. Es el ISP del hotel.
Tal como las grandes empresas de Estados Unidos, no quiere que
sus empleados tengan acceso a ciertos sitios.”
“¿Quieres decir que las empresas en Estados Unidos
hacen esto?” Su ingenua reacción me sorprende.
“Sí señor.”
“No lo sabía, nunca he trabajado para una”,
protesta.
Finalmente se resuelve la situación con Internet y Oliver
se pone a trabajar. Él trajo consigo como 20 libros y pilas
y más pilas de DVDs. Así como un portafolios donde
el guarda varios libretos y papeles. Sólo dos semanas antes
su proyecto 9/11 fue aprobado por Paramount y ahora ha entrado
a la frenética fase de la pre-producción de una
de las más anticipadas (y algunos dirían controversiales)
películas de Hollywood para el año próximo.
Lo dejo para que trabaje y su familia descanse.
Esa noche hacemos reservaciones en “Jardín de los
Milagros” para cenar. El Chef Bricio Domínguez Aguilar,
ansioso por complacerlo, me ha preguntado qué quiere cenar
el Sr. Stone.
“No importa”, dice Stone mientras me mira por encima
de sus lentes para leer, “la atmósfera es más
importante que la comida”.
Llegamos al restaurante alrededor de las 10:00 pm para descubrir
que somos los únicos ahí. Bueno, no los únicos.
Está el Chef Bricio, quien está más que feliz
de saludarnos, tres meseros y una cantante, entonando lo que equivaldría
a las melodías de un espectáculo en Las Vegas. Nada
más estoy esperando oírla cantar “Feelings”
en español.
Mientras nos sentamos, Stone mira alrededor, voltea y me dice,
“¡No jodas! Te pedí atmósfera y me traes
a un restaurante vacío”. Sufro mi primer error. El
Chef Bricio rápidamente recupera la noche, aprovechando
su encanto personal y la variedad de preciosos platillos que ha
preparado especialmente para Stone. También presenta un
vino mexicano muy raro y fino, el cual procede a seducir y embrujar
a nuestro invitado. A media botella, todos los errores están
perdonados y Oliver está enganchado en una astuta charla
con el Chef, usándome como intérprete/traductor.
“¡Come condenado flaco!” Oliver ordena que arrase
con lo que queda del ceviche. Durante la cena discutimos sobre
eventos actuales, de la política estadounidense/mexicana,
de los zapatistas y del presidente venezolano Hugo Chávez.
Compartimos nuestra admiración por un documental llamado
“La Revolución no será televisada” (sobre
el fallido golpe de estado al gobierno de Chávez en 2002,
probablemente respaldado por los estadounidenses) el cual traje
a Expresión en Corto hace dos años. También
discutimos su desprecio por la distorsión que realizan
los medios norteamericanos, sus problemas en la industria cinematográfica
desde que se estrenó JFK y la dificultad para mantener
la confianza en estos días pre-censurados y post-Alexander.
“Nos fue bien con Alexander en México. Le fue bien
casi en todo el mundo menos en Estados Unidos. No lo puedo entender.”
Yo se lo atribuyo a la aparente falta de interés y conocimiento
de la antigüedad de los norteamericanos.
Al final de la noche, Oliver está firmando autógrafos,
llevándose a casa botellas de vino y tomando fotos con
el staff del restaurante. El carisma, la generosidad, la excelente
comida y gran selección de vino del Chef Bricio me ha salvado
la noche.
A pesar de que el festival ha estado intenso, no estamos obligando
a Oliver a unirse a las festividades en su primera noche en la
ciudad, pero él y su familia son más que bienvenidos
si lo desean. Stone está intrigado por el Maratón
del Terror en el Museo de la Momia y quiere ver la función
nocturna. Está lloviznando afuera. Vamos directo a la van.
Avanzamos unas cuantas cuadras cuando Oliver dice que prefiere
caminar para bajar la cena. Detenemos el vehículo y el
equipo de seguridad se detiene detrás de nosotros. Oliver
abre la puerta y se baja en uno de los oscuros andadores de Guanajuato.
El único problema es que ahora no estamos nada cerca de
las momias y Oliver está caminando en la dirección
opuesta. No le importa. Necesita un poco de aire, Chong y Tara,
como siempre, están no muy lejos atrás. Estoy sorprendido
de que es casi medianoche y Tara todavía está despierta
y no se queja por caminar o estar cansada.
“Ella está acostumbrada al horario de su padre desde
que nació”, dice Chong. Guau.
Oliver sin temor alguno nos lleva más adentro de los profundos
laberintos de la ciudad. ¿Y qué podría temer?
Después de haber estado en el corazón de la oscuridad
durante su tour voluntario a Vietnam (donde él solicitó
tareas de combate) y vivir para hacer dos excelentes películas
ganadoras del Óscar sobre su experiencia. De pronto un
perro nos ladra desde lo alto de un balcón y nos saca un
pedote a todos. Al darse cuenta que todos habíamos saltado,
la familia entera suelta tremendas carcajadas.
Nos reagrupamos y vamos de vuelta a la van rumbo al Museo de las
Momias. Antes de llegar, Oliver quiere asegurarse de que el evento
será de bajo perfil, pues no tiene ganas de que le estén
tomando fotos o de estar bajo las luces esta noche. Le llamo a
“Abelardo” y ella me asegura que el evento está
tranquilo, cálido y amigable. “Si me estás
mintiendo, no volveré a confiar en ti otra vez” me
advierte. Espero que Abelardo esté en lo cierto.
Al momento en que llegamos, la lluvia está arreciando.
Stone y su familia son conducidos a través de las puertas
del museo. Hay un fotógrafo ahí, pero es uno de
los nuestros y ha sido instruido al respecto. “Abelardo”
no me quedó mal. Sarah y la Subsecretaria de Turismo, María
del Refugio Ruiz Velasco, le contaron a Oliver y a su familia
sobre la mórbida historia de las momias y el museo. Vimos
un poco del terror chafa proyectado en las pantallas y cuando
se puso lo bastante violento para Tara, decidimos irnos. Él
finalmente está cansado.

Día Dos
El viernes se ha convertido en una excursión
a San Miguel ante la solicitud del Sr. Stone. Todavía está
teniendo problemas para entrar a su email y estar desconectado
de su oficina en Los Ángeles lo ha puesto de mal humor.
Parece ser uno de esos días en que nada sale bien. Y está
sintiendo los primeros síntomas de una infección
en la garganta. Nos paramos al lado del camino entre San Miguel
y Guanajuato para que Stone pueda tomar un poco de aire y disfrutar
los paisajes rústicos. Chong tiene dolor de cabeza, probablemente
por la altura y la pequeña Tara ha dado sus primeras señales
de fatiga.
Una hora y media después llegamos a San Miguel y después
de una rápida parada en la farmacia local por algunos medicamentos
que alivien a todos, nos dirigimos al jardín por la peor
taza de café que Stone y su esposa jamás hayan compartido,
aparentemente. “Sabe como agua de plato. ¡Me chingaste
otra vez!”
Hacemos un apresurado paseo por la ciudad, Stone está mirando
su reloj. Está ansioso por regresar al hotel (y al trabajo)
y ha visto suficiente de nuestro pueblo. Es hora del almuerzo.
Tengo que escoger entre llevarlos a un caro y elegante restaurant
o a un pintoresco y autentico café mexicano que siempre
sirve una buena comida corrida. Elegí autenticidad sobre
la extravagancia. Chong se separa de nosotros para hacer compras
de verdad. Tara y yo apartamos una mesa mientras su padre va a
una librería. Stone come ligero en el lunch así
que no quiere nada demasiado pesado. Sugiero las flautas puesto
que parece disfrutar los tacos. Tara ordena lo mismo. Chong y
yo pedimos la comida corrida.
“Me chingaste otra vez”, se queja Stone mientras agarra
una de las flautas que le quedan. “Primero el café,
ahora esto. Estás 0 a 2 hoy Daniel.” Desafortunadamente
esta vez no había alcohol que me salvara.
Stone está listo para regresar, pero el auto no. Hoy el
tránsito está embotellado en el centro de San Miguel
y tenemos que esperar a que Diego nos alcance en el estacionamiento.
Matamos el tiempo en Bellas Artes y les muestro el mural inconcluso
de David Alfaro Siqueiros. Me avisan que el carro está
listo y vamos de vuelta a Guanajuato hechos la raya. Pienso que
esta podría ser mi gran oportunidad para entrevistarlo,
pero el resto de la familia está atontada con jarabe para
la tos, analgésicos y una comida mexicana bastante mediocre.
Me tengo que aguantar las ganas.
Esta noche es el gran homenaje a Stone. Será la primera
vez que él aparezca oficialmente ante el público
del festival. Nunca antes habíamos tenido como invitado
a una celebridad de esta magnitud en el festival y se siente la
emoción entre la audiencia y un poco de electricidad en
el aire. Llegamos a tiempo a las 9 pm y nos saluda calurosamente
Sarah, quien acompaña al Sr. Stone y su familia hasta sus
asientos en la primera fila. El homenaje sale perfecto. Varios
representantes de las distintas instituciones gubernamentales
de cultura y cinematografía muestran su admiración
al Sr. Stone y le brindan varios trofeos, premios y regalos.
Finalmente Irvin Kurshner, director de El Imperio Contraataca
(entre otras películas) ofrece un conmovedor discurso al
Sr. Stone que parece alcanzar las emociones del medio cansado
director. Stone se levanta para agradecer al Sr. Kurshner y relata
una breve historia sobre sus experiencias en México y la
inspiración creativa que este país le dio cuando
era sólo un estudiante viviendo en Guadalajara a finales
de los sesentas y escribiendo creativamente por vez primera. Él
escribió una historia que después se convertiría
en su primera novela, A Child Night’s Dream. Más
tarde volvió a México como cineasta (veinte años
después), para escribir y dirigir su primera película,
Salvador, que sería presentada esta noche, inmediatamente
después del homenaje.
Stone no ha visto Salvador en la pantalla gigante desde hace tiempo
y su hija Tara nunca la ha visto. Ellos se quedan para ver los
primeros 15 minutos y algunas de las líneas favoritas de
Oliver antes de hacer su discreta salida del teatro para la cena
del homenaje, la cual será realizada en una vieja ex-hacienda
en las afueras de la ciudad y a la que varios VIPs, gente importante
de la industria fílmica y dignatarios fueron invitados.
Al final de la cena Stone hace el importante esfuerzo de saludar
y conocer a cada uno de los invitados. Más tarde jocosamente
le cuenta a su hija que había “cantado y bailado”
por sus alimentos. Todos estaban agradecidos y conmovidos por
su actuación.
Todavía no acaba el festival y Stone quiere conocer los
famosos túneles de Guanajuato y ver algo del cine “erótico”.
Cuando llegamos al túnel, hay en la pantalla una escena
de cama hombre contra hombre. Algunos fans intoxicados quién
sabe de qué inmediatamente ubicaron a Oliver. Le pidieron
fotos, él accede con un grupo y, por supuesto, ahora todos
quieren una. Como no está de humor para convertirse en
el fenómeno de la noche, hacemos un rápido escape
y nos perdemos en los túneles. Es ahora cuando tengo la
oportunidad de disipar algunos rumores del IMDB (Base de Datos
del Cine en Internet):
Una gran parte de la sólida popularidad de Oliver como
director en México es el extremadamente entretenido trabajo
que hizo sobre una de las más grandes leyendas del rock,
Jim Morrison, en su película biográfica de 1991
The Doors. Como el rocanrol, Los Doors nunca murieron en México
y la película puede ser vista en algún canal de
cable al menos una vez al mes, más frecuentemente que cualquier
otra película de Stone. Y probablemente todavía
goza de un rating decente, o no la presentarían con tanta
frecuencia. Entonces lo asalto con este primer hecho de IMDB:
“¿Es verdad que usted le propuso su película
a Jim Morrison antes de que él muriera?”
“Sí. Excepto que no era una biografía de The
Doors. Era una película de ficción que yo había
escrito y que pensé que Jim hubiera estado bien para hacerla.”
“¿Cómo manejó eso? Digo, Jim murió
en 1971 y todavía usted no se establecía como un
cineasta.”
“Sólo era un fan. Se lo envié a su agente
a la disquera. Después me dijeron que cuando encontraron
su cuerpo en su departamento francés, encontraron una copia
de mi manuscrito ahí.” Guau.
“¿Tuvo la oportunidad de ir a muchos de sus conciertos?”
“Nunca fui. Yo estaba en Vietnam durante su época
de popularidad más alta. Y cuando regresé, ya estaban
casi acabados.”
Con eso, estoy satisfecho esta noche, y vamos de regreso al hotel.
Día Tres
Éste va a ser un día pesado para
nuestro huésped. Empieza con un desayuno en su hotel con
Diana Bracho, primera actriz de México, y Sarah. Diana
y Sarah están preparando a Oliver para su conferencia magistral
sobre la censura, el tema de este año en el festival, y
tópico con el cual él está bastante familiarizado.
De todos modos, se ve un poco sorprendido al descubrir que de
hecho va a tener que conducir una conferencia de dos horas frente
a miles de personas.
“¡No preparé nada! ¡En mi oficina no
me dijeron nada de esto!” Su oficina había sido informada
sobre la conferencia magistral durante el proceso de la invitación,
pero el formato fue dejado abierto intencionalmente para que el
Sr. Stone lo llevara como el quisiera. Aparentemente lo habían
dejado un poquito demasiado abierto.
Diana no sabe qué decir, ya está bastante nerviosa
con el solo hecho de conocer al hombre y al parecer no ha conducido
nada similar anteriormente. Sara se mantiene serena, pero está
teniendo dificultades para expresarle al Sr. Stone qué
se espera de él durante la conferencia propuesta (la cual
ha sido difundida ampliamente desde hace dos semanas, incluyéndose
esta publicación). Ahora puedo sentir como el pánico
se apodera de él. He leído que es un gran fan de
los ensayos con sus actores antes de comenzar las filmaciones
de cualquiera de sus películas. Y en una típica
costumbre de Expresión en Corto, no hemos dejado espacio
para un ensayo.
Trato de hacer una sugerencia inteligente: “Tal vez si nos
enfocamos en sus experiencias personales y sus luchas como cineasta,
las historias de censura se revelarán por sí mismas”.
Oliver no está de acuerdo con mi grandiosa propuesta y
empieza a temer lo peor. Sara echa a rodar la bola listando sistemáticamente
las distintas manifestaciones de la censura que podríamos
tocar (política, económica, religiosa, cultural)
y entonces Stone empieza a intervenir (autocensura, pre-censura,
distorsión, caos y la diseminación de información
o desinformación a través de Internet), mientras
Diana y yo tomamos notas fervientemente. Con sólo hora
y media antes de su conferencia de prensa, Stone rápidamente
se retira de la mesa para aclarar su cabeza y organizar sus pensamientos.
Sarah también se va, pues se le está haciendo tarde
para otras citas. Yo rápidamente comparo notas con Diana
y entonces la dejo para que prepare su conferencia.
Antes de esa conferencia magistral, la cual empieza al mediodía,
habíamos reunido a 120 miembros acreditados de la prensa
nacional e internacional en una sesión privada con Stone
en el Auditorio del Estado vacío. La prensa ha estado persiguiendo
y acorralando al director desde su llegada a México dos
días antes y a las 11am se los soltamos. Stone ya nos había
dicho que él realmente no quería discutir 9/11,
como ahorita está pre-produciendo la película de
un hecho controversial, quiere evitar los prejuicios (y la pre-censura)
de los medios. Pero aparentemente no todos los miembros de la
prensa mexicana habían recibido el memo y Oliver maneja
sus preguntas con gracia y diplomacia. En algún punto declara
que el Presidente George W. Bush es uno de los peores presidentes
estadounidenses que jamás hayan tenido y pone en cuestionamiento
la validez de sus dos elecciones. (Es interesante notar que Bush
y Stone fueron parte de la misma generación en la Universidad
de Yale en 1968. Mientras Bush se graduaba y se unía a
la Guardia Nacional Aérea de Texas—sólo para
más tarde irse ausente sin permiso—Stone dejó
Yale para ir como voluntario a Vietnam, donde ganó la Estrella
de Bronce al Valor y el Corazón Púrpura).
Inmediatamente después de la conferencia de prensa, hay
un breve receso de 15 minutos, mientras se vacía el auditorio
y se vuelve a llenar por la audiencia que viene a la conferencia
magistral. Oliver toma un poco de aire y toma una siesta en su
camerino con Chong y Tara cerca. Él está un poco
más tranquilo ahora, después de haber atendido a
la prensa, y se está arreglando para el evento principal.
Stone parece haber salido de su concha durante la conferencia
magistral y Diana Bracho hace un brillante papel como moderadora
bilingüe. Ella tiene una cualidad que hace tanto a Stone
como a la audiencia (todavía medio dormida en esta temprana
tarde de sábado) sentirse bastante cómodo. Como
era de esperarse, ellos no se apegan al guión y, por el
contrario, deciden intercambiar algunas anécdotas personales
sobre la cinematografía, mientras ocasionalmente tocan
por encima el tema de la censura. El padre de Diana, Julio Bracho,
fue un destacado director mexicano que fue censurado y vetado
por el resto de su vida, y en las palabras de su propia hija,
eventualmente fue “asesinado por su propia tristeza”.
Las participaciones aleatorias de Stone son mucho más entretenidas
e informativas de lo que se había planeado. Y si uno hubiera
tenido acceso a Internet durante su conferencia, hubiera sido
un ejercicio fascinante buscar en Google cada una de las docenas
de referencias que hace sobre eventos históricos, figuras
políticas, autores, artistas, películas y directores.
La sesión de preguntas y respuestas de la conferencia comienza
y Stone toma las preguntas de los jóvenes aspirantes a
directores y fans de la audiencia. Stone va entrando en calor
y repentinamente él empieza a darse cuenta de todas las
historias de censura latinoamericanas que ha reunido a través
de sus años. Interrumpe una pregunta de alguien entre la
audiencia para recapitular sus dificultades haciendo una película
en Argentina basada en la obra Evita de Andrew Lloyd Webber. También
relata los retos que experimentó en la filmación
de Salvador en El Salvador durante la guerra civil de ese país
(la producción decidió reubicarse en México
después de que su enlace con el gobierno salvadoreño
fue asesinado en una cancha de tenis). Y justo cuando estaba a
punto de contarnos una buena historia sobre Chile, el tiempo se
acabó. El gobernador de Guanajuato, Juan Carlos Romero
Hicks se encuentra presente y le agradece su visita a nuestro
estado. Y entonces nos vamos de regreso al hotel para hacer un
receso para comer y descansar, antes de la rueda de prensa vespertina.
Llegamos a una locación no revelada, muy privada, para
la rueda de prensa con los 20 mejores de la prensa nacional en
radio y televisión. Estamos a la mitad del evento cuando
Stone es entrevistado por una de las personalidades de la televisión
regional que se especializa en notas del espectáculo. Cuando
ella está en su cuarta o sexta mal planteada declaración
(pues ni siquiera podrían ser consideradas preguntas),
el Sr. Stone detiene a la chica y se ve forzado a preguntar:
“¿Quién escribe estas preguntas? ¿Qué
editor te pidió que me preguntaras estas preguntas tan
tontas? Él está definitivamente iracundo, entre
la sorpresa y el asco. Se quita el micrófono de la solapa,
lo avienta y sale del escenario. Un momento clásico de
Hollywood. Entonces gira hacia mí y señala hacia
fuera.
Salimos al estacionamiento para que pueda tomar un poco de aire
y aclarar su cabeza. Después de unos cuantos minutos de
innecesarias disculpas y una tranquila meditación volvimos
a entrar para terminar el evento. La mayor parte de los reporteros
tienen preguntas inteligentes y saben con quién están
hablando. Uno de los reporteros le pide su opinión sobre
el Presidente Vicente Fox. Stone, completamente conciente de que
es un invitado en el país de Fox, diplomáticamente
contesta: “No viviendo en el país, yo sólo
puedo decirles lo que he visto en la prensa. Pero parece que el
Sr. Fox es genuinamente un buen hombre que quiere hacer un impacto
positivo, pero que se ha visto comprometido por sus propias relaciones
con sus seguidores, sus oponentes, las grandes empresas y la administración
Bush—que lo han vuelto, de alguna manera, ineficiente. ¿Qué
piensa usted de su Presidente? El reportero, que no está
listo para responder esta pregunta en la radio nacional, comienza
a balbucear una respuesta, pero sólo sacude su cabeza y
gesticula.
Otro reportero pregunta sobre el uso recreativo de las drogas
y su lugar en el proceso creativo. Oliver responde que él
ha experimentado con una variedad de drogas. También menciona
que los soldados negros en Vietnam le presentaron la marihuana.
Recuerda que él, tontamente, experimentó con la
cocaína en los años 1970s y que cree que ‘destruye
las células cerebrales’ y te convierte en un verdadero
pendejo. Pero dice que se vengó de la cocaína años
después, cuando dejó de usarla mientras escribía
la película Scarface. Stone entonces cuestionó emotivamente
los orígenes de nuestra epidemia de drogas. Declara que
durante la ocupación de Afganistán por los Talibanes,
la producción de heroína en ese país casi
ni existía debido a las estrictas leyes que prohibían
la producción de drogas del gobierno islámico fundamentalista.
Pero desde la invasión norteamericana en el año
2001, la producción de heroína ha alcanzado su punto
más alto de todos los tiempos bajo el control de la administración
Karzai respaldada por los EE.UU. “Tal vez alguien debería
echarle un vistazo a eso”, conjetura Oliver.
Unos pocos reporteros más que llegaron tarde, o que nunca
estuvieron en ninguna de lista, pidieron una oportunidad para
entrevistarlo. Oliver, que ha estado ocupado todo el día,
accede a dar otras dos entrevistas pasadas de las 6:00 pm. Al
terminar voltea a ver a Sarah y le dice “¡Me chingaste!
¡Dijiste sólo una más!” Yo que ya estoy
acostumbrado a sus reacciones, estoy contento de saber que tiene
para dar y regalar.
Esa noche le pregunto a Stone qué prefiere cenar. Se está
haciendo tarde y nuestras opciones comienzan a reducirse rápidamente.
Stone no está de humor para andar probando. “Vamos
a ver a Bricio otra vez”. Para variar.
Desde el estacionamiento de nuestro hotel podemos ver La Bufa
encendida como un árbol de navidad en las festividades
de la Cueva de San Ignacio de Loyola, el santo patrón de
Guanajuato. Una serie de antorchas ilumina el camino a la cima
de la montaña. Esto, por supuesto, intriga a Stone, y más
cuando uno de los elementos del equipo de seguridad le cuenta
la leyenda detrás del ritual pagano-cristiano. “Se
ve como una película de Frankenstein desde aquí”,
comenta.
Otra vez bien llenos, salimos del restaurant de Bricio y nos dirigimos
a La Bufa. Hay algunas preocupaciones por la seguridad, nuestros
guardaespaldas nos han sugerido que no hagamos esa caminata montaña
arriba. El camino está lleno de devotos peregrinos y algunos
escandalosos que han reinterpretado la tradición arrastrándose
de borrachos. Nos detenemos para ver el panorama a través
de un valle a los pies de la montaña. Nuestro jefe de seguridad,
Arnulfo Salazar Guzmán, se me acerca y me entrega algo.
Miro hacia abajo. Son un par de lentes de visión nocturna—como
salidos del Silencio de los Inocentes—complementados con
lentes de largo alcance. Se los paso a Oliver y se los lleva a
los ojos:
“Guau. Como en Vietnam—¡Excepto que estos sí
sirven!”
Le pasa los lentes a Tara. Se toma un momento para enfocarlos.
Ella está sorprendida por lo que ve. Un mundo verde brillante
iridiscente. Donde había oscuridad, ahora ve siluetas humanoides
verde brillante rondando entre el denso bosque.
“¿De dónde salieron todos?” Pregunta.
Su papá le explica que los lentes magnifican la luz ambiental
y el calor en el aire. La gente siempre estuvo ahí, esos
lentes sólo revelaron la luz que había disponible.
Stone sigue diciéndonos una historia sobre uno de sus primeros
días en combate. Todavía verde y fresco en el conflicto,
él y su grupo se vieron atrapados por el enemigo. Él
dice que si no hubiera tenido a un miembro de su pelotón
que era más experimentado que él, probablemente
hubiera muerto ese día. Como fue, él escapó
con sólo un rozón de bala en la nuca. Mataron a
un enemigo, persiguieron a otro y perdieron completamente al tercero—se
desvaneció en el aire. Nuestra expedición a La Bufa
concluye. Stone ha tenido un día largo y nadie está
como para fiestas de clausura o raves—especialmente yo.

Día Cuatro
El domingo es otro día libre para la familia, su último
día en Guanajuato. Trato de no dejarme ver por el hotel
hasta la última hora de la mañana, permitiéndoles
dormir más tiempo y desayunar relajadamente. Alguien le
dijo a Chong que “tiene que visitar Santa Rosa” por
sus excelentes artesanos.
Exceptuando una breve excursión para comprar accesorios
de uso personal y ropa más calientita, Chong y Tara no
quieren aventurarse muy lejos sin el papá. Stone definitivamente
quiere quedarse y avanzar un poco en el trabajo el día
de hoy, así que un paseo a Santa Rosa es justo lo que el
doctor recomendó para las encerradas madre e hija.
Sólo tenemos una hora y media antes de salir hacia el aeropuerto
y Diego nos lleva al pintoresco pueblo en tiempo record. Llegamos
a encontrar la calle principal muy tranquila y visiblemente abandonada
por sus habitantes. A parte del hecho de que es casi el mediodía
del domingo, también es el último día de
las festividades en La Bufa y es un enorme día de campo
para los pobladores. Todas las tiendas y restaurantes están
cerrados y no parece haber ningún artesano trabajando hoy.
Caminamos de arriba para abajo en la calle principal, pero no
tuvimos suerte. Nos paramos afuera de la que debía ser
la famosísima tienda artesanal, pero no había nadie
en la casa. Nos conformamos con comprar algunas mermeladas de
sabores exóticos (nopal, guayaba y mango).
Otra vez afuera en el estacionamiento del hotel Oliver está
leyendo tranquilamente un manuscrito en una banca debajo de un
árbol. Su esposa e hija se le unen y pronto se dirigen
de nuevo hacia su suite. Oliver va alcanzarlas al poco tiempo
y se preparan para la partida.
De camino al aeropuerto, Oliver no puede evitarlo y comenta “Escuché
que estabas mal informado sobre las artesanías…”
Y aquí viene.
“Sí, no contábamos con que todo iba a estar
cerrado hoy por las festividades”.
Pero no dice más. Estaba esperando el regaño. Pero
supongo que no hay problema mientras el que salga chingado no
sea él.
Estaremos en el aeropuerto en menos de media hora. Como lo veo
esta es mi última oportunidad para conseguir mi entrevista.
Estoy listo.
“Señor, estaba pensando si sería posible que
me diera esa entrevista”.
Él suspira, “Ah, sí, tu entrevista. Seguro”.
Me regala 15 minutos y la espera bien valió la pena.
El registro en el aeropuerto sale sin contratiempos. No creo que
ninguna persona famosa diga que los inconvenientes de la fama
no vienen con algunas recompensas. Aunque tienen que pasar a través
de las mismas medidas de seguridad que todos los demás,
hay una sala de espera privada hecha para los dignatarios e invitados
especiales. Mientras esperamos pacientemente para abordar el avión,
Oliver lee sus manuscritos, Chong y Tara comen sándwiches
y yo leo la cobertura del festival en un periódico local.
Hay una nota sobre Oliver en la primera plana, misma que está
interesado en que le traduzca. Empiezo a traducir palabra por
palabra cuando él abruptamente me pide que pare.
“Me siento como si estuviera en la pinche ONU. Sólo
dame la idea general”.
“Es una buena nota”, le digo.
Finalmente es hora de abordar. Los acompañamos a la puerta.
Abordan antes que todos los demás. A la puerta del andador
Oliver, con sus gafas de sol, voltea con Diego y dice, “Que
tengas una linda vida Diego”. Después voltea conmigo
y me dice, “Que tengas una linda vida tú también
Daniel”. Ellos caminan por el andador, entonces se detienen
un segundo, voltean y se despiden agitando la mano. Y se han ido.
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