La Jerga Mexico La Jerga Mexico
La Jerga Mexico
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Guanajuato, 1995
Bueno, ahí voy otra vez en la parte trasera de una troka, después de haber pedido raid toda la mañana y parte de la tarde en una gasolinera en Matehuala. Fue horrible, nadie nos levantaba, especialmente con la fachita que traíamos, mi compa (El Pellejas) con la greña toda güera y esponjada como la de Walter Mercado y yo, que iba todo de negro con el cabello todo quemado por tanto tinte chafa que me hacía ver más como estilista del zócalo que como punketo. Todos los rancheros en sus trokas, chiflaban y nos pintaban huevos, especialmente los que han estado en el gabacho y que se creen chicanos. Íbamos en dirección al Cervantino, a donde juré nunca más regresar en mi vida. La última vez que estuve ahí, me pasé los 3 días finales del festival encerrado en el bote por mear en un callejón todo sucio y apestoso.

Recuerdo que todo empezó bien. Llevaba velas aromáticas para vender y me estaba yendo bien, había ganado un buen espacio y no había tomado nada de alcohol porque ese fue mi propósito: “Voy al Cervas, pero sólo bisne, nada de fiesta”. Profesional, tú sabes, ir a ver espectáculos y conciertos, teatro callejero y demás. O sea, totalmente cultural.

Cinco días después, ya sentía un hormigueo muy conocido. “Aguanta”, me decía yo mismo. Entonces llega un valedor al puesto y me dice: “¿No vas a ir a la fiesta que están organizando los artesanos?” ¡Puta!, la neta no, porque no estoy bebiendo, le respondí. “Vente, total, ¡no chupes! Va a estar un buen de banda y chavas, ni se diga”.

Ahí voy al reven, dizque sólo de mirón y regresarme pronto. De lo único que medio me acuerdo, es que llegando a la puerta, me topo con la banda del chopo y me dicen “¿Qué transa contigo? Nos dijeron que ya hasta curas con las manos,” -porque vivía en el desierto de Real- “y que nada de nada”. Y claro, te entra el “¡Ja!, yo sigo igual y ¡viva México cabrones! y bla, bla, bla”. Anarquía total y ahí estoy diciéndome o.k., me tomo un mezcal con estos güeyes y me desafano. Así que me pasan el pomo, le doy un trago y me pasan unas pastillas y me dicen “¡Son tachas!”

Órale, en la madre, a la media hora se me sale lo rainbow abrazando y besando a medio mundo; bailando break–Te quiero brother, era lo único que decía–todo cruzado y pa’cabarla, me pasan una tira de Ribotril y me chingo cinco. Qué buena vibra, decía. Y que se me sale lo nacote a flote, Superman en persona. Babeando todo, me acerco a un grupo de artesanos amigos míos a pedirles un cigarro y que me ponen bien pacheco. Después del fumadón, me da por el conquistador y a buscar chava. Veo entrar a una morenaza guau y ahí voy, con el toque en la mano y peinándome de lado. ¡Hola! ¿Cómo estás? “No tan bien como tú”, me dice. Uta ya ligué, así de rapidito. Luego tratando de impresionar, con un movimiento grotesco, la saqué a bailar. Con trabajo podía ver su cara y la pisé como veinte veces y, a ritmo de Kumbala de La Maldita Vecindad, nos empezamos a besar. En medio de la pista, y de a cartón de chelas, que me dice al oído “vamos pa’tras”. Entonces llega un brother y me dice “qué pedo, a dónde chingados vas”. Le digo “aguanta, voy con esta chava rápido y retacho. Me quiere enseñar algo”. Y me dice “estás re-pendejo, pinche galán chafa. ¡Es un güey!” Que le meto la mano por debajo de la falda y ¡NO MAMES! Ya sé qué me quería enseñar, con razón se sentía rasposo su cachete. Pues que se echa a correr y yo me quedo parado como idiota oyendo las risas burlonas de toda la bola. Pero bueno, de la que me salvé. Después me quise hacer el malo, un error cualquiera lo comete, y me meto al slam. Hace años que no lo hacía y, la neta, pierdes condición. Ahí estoy tratando de limpiar mi imagen, cuando en un empujón, sin querer le doy un codazo en la nariz a la vieja de uno de los del grupo y me sacan de aguilita del toquín. “¡Por nefasto!”, me gritaban. Ahí estoy afuera, todo mugroso después de caerme como diez veces, con un ojo morado y un chupetón que me hizo el trasvesti ese en el cuello y hasta la madre de Tony Ayan’s y Ribotiles y quién sabe cuántas madres más. Empiezo a caminar entre gente tirada y guacareada y pomos a morir. Llego a bajonear a un puesto de garnachas, me chingo un pambazo que así como entró, salió. Ya ni me cobró la seño, sólo dijo “por favor váyase, da mal aspecto”.

¡Puta! No te puedes imaginar el mundo de gente que te topas, desde el clásico intelectual hasta mimos y payasos buenísimos que te alegran la existencia, por muy mala que la tengas; antipáticos a morir que, por cierto, esa noche yo era uno de ellos; chicas guapas de todas partes del mundo, prostis, fresas, nacos, turistas despistados–sobre todo gringos–que no tienen ni puta idea de lo que pasa y que creen que así está todo el año -¡Mucha fiesta amigou!

Desde un danzante con su jarra de pulque, hasta un chavo banda con su mona de thinner; pero eso sí, todos en una misma plaza, viendo el mismo show, oyendo diferente música sin importar que esté todo revuelto.

Ves la cara de la policía con incredulidad, toda espantada sin saber qué hacer y esperando a quién arrestar. Pero así es esto, cada quien celebra como puede. Hay espectáculos para todos los bolsillos, más para los ricos. Ahí andaba yo, y no sé cómo nadie me madreó, porque la neta nada más oía que decían “qué oso”, “qué naco”, “¿Oíste lo que dijo?”, “No lo peles mi amor”, “Está todo vomitado”, “Dale la cerveza, con tal de que se vaya”. Después de gorrear quién sabe cuántas chelas y cantar La terminal de la ADO como mil veces, me voy a un callejón a echarme una firma -para seguir celebrando el Fest, según yo-, cuando de repente me tocan en la espalda y eran cuatro policías, me subieron a la troka sin haber terminado y al bote.

No mames, todos como sardinas, no puedes ni respirar, hay de todo, desde el bato loco, punkies, hippies, fresas, burócratas, trasvestis, students, gringos y hasta el clásico influyente gritando “¡No saben quién soy!”, ya sin zapatos y con otra ropa, porque ya se la habían tumbado los cholos. Y en viernes, que si no pagas, sales hasta el lunes.

¡Qué horror! Porque sin lana y ni a quién hablarle, pues me aventé los tres días. Y así terminó el Cervantino para mí ese año. Espero que esta vez no me meta en pedos y vaya a más eventos culturales en lugar de andar de antipático, pedote y mugroso. Pero el Cervantino es el Cervantino y cuando te absorbe, ¡aguas! Porque naco naciste y naco morirás.
-Rockman



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