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Ixtapan de la sal
Hogar, dulce hogar. Mi pueblo al que nunca voy, porque casi todos son mis parientes y, cada que voy la cago tanto, que me tengo que ir de la pura cruda moral. Pues en una ocasión que le caí, me tocó el día de muertos y claro, halloween, que lo festejan normalmente los que han ido a U.S.A. y ya se creen gabachos. Se puso bien el reven, hubo una fiesta de disfraces y barra libre pa’l que trajera uno. Y ahí voy, tratando de ser lo más original posible. Lo único que se me ocurre es disfrazarme de vampira con liguero y toda la cosa. Pidiendo prestado todo a mis hermanas, me maquillan, consigo peluca de rizos negros, minifalda, zapatos de tacón alto, medias de telaraña y ahí voy al reven.

Ya de lo último que me acuerdo, es que sacaron mezcal de pechuga y de allí, de repente me despierto con un chingo de calor y estaba en ¡LA PLAYA, TIRADO EN ACAPULCO! con gente que me miraba como diciendo: “¿Y eso de dónde salió?” Me levanto poco a poco quitándome la arena del cuerpo y vestido de vampira naca, ¡Sí! vestido de vieja, en Acapulco, sin saber como putas llegue ahí.

Ya tratando de aparentar normalidad, con los tacones en la mano, el rimel corrido, lleno de arena en la cara y en la peluca, ni se diga; me dirijo al malecón para tratar de ubicarme y con el sol de mediodía en toda la jeta. Nunca odié tanto el sol como ese día, con todos los acapulqueños gritándome ¡ADIÓS PINCHE CHILANGO MARICÓN! Qué oso... Crudo y vestido de vieja en Acapulco. Happy Halloween.

Después de un millón de insultos y caminar por horas, llego a la casa de un compa que conozco de hace años para que me hiciera el paro, sale su mujer, de suerte, suelta una carcajada y me dice: “Qué, ¿tú también andas taloneando?” No estaba mi compa, así que le solté a ella lo poco que recordaba. Me prestó ropa, me dio chance de bañarme y todavía me prestó lana pa’ regresarme a mi pueblo.

Finalmente regreso a Ixtapan. Seguía sin saber qué pedo, cómo fui a dar a Acapulco, igual había ido con banda y me desafanaron. Llego a casa de mis jefes y luego luego sentí la vibra, mi jefe pasó junto a mí y ni me peló, y mi madre lo único que me dijo fue “ay hijo, nomás a eso viniste.”

“¿Pero qué hice?” pensaba yo. Y nadie me decía nada.

Finalmente salgo a la calle donde seguro te informan sin preguntar y dicho y hecho. Ni cinco minutos habían pasado cuando ya me había topado con alguien. Y me dice “oye que feo hiciste, le echaste la bronca a tus tías. Tiraste la olla del pozole. Le mentaste la madre a tu chava, que se fue ayer con tu primo. Y por más que te quisimos bajar del camión que pasaba p’Acapulco (que por allí es la ruta) te subiste y gritabas ‘¡Pinche pueblo de mierda, síganme los que de verdad sean chidos!’ ”

De allí, nunca más me he vuelto a disfrazar de brujita ni de vampirita. No sé por qué siempre me pasa a mí todo. Ahorita, en este momento que estoy escribiendo estas líneas, acabo de quemar todas las bocinas del bar donde trabajo... O trabajaba. ¡QUÉ OSO! Nada como la tradición nuestra de día de los muertos, con todo el respeto y la alegría que se celebra, y no andar de pedote y de trasvesti. Porque si el punk ha muerto, ¡rumba en su tumba!
-Rockman


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