Pues dice Wal-Mart que ya es navidad, así que yo sigo
el ejemplo y centro mi atención en historias rodeadas
de villancicos y luces. Son algo distintas, aunque ambas mezclan
los mismos dos temas. Seguro sabrá muy pronto cual
sucedió fuera del celuloide. |
Barbara y Oliver se conocieron
en una subasta, impresionándose el uno al otro con
su voluntad y arrojo. Una explícita escena de la chica
parándose de brazos y demostrándole al extático
Oliver la fortaleza de sus piernas explica el ímpetu
de su relación y personalidades. Se enamoran profundamente,
y prometen en el altar seguir siendo una pareja perfecta para
siempre. La envidia de las parejas de amigos menos felices
los sigue muchos años, con hijos y todo. Pero pasó
el tiempo, y notaron que el dinero y éxito que acumularon
venía acompañado de aburrimiento y rencor. Oliver
se obsesiona constantemente en escalar en su despacho legal,
aún a costa de la dignidad y compañía
de su mujer. En una colorida
y luminosa navidad, con la casa ricamente ataviada de luces,
los hijos parten a la Universidad y a Barbara le da
tiempo de fastidiarse con su esposo, y él se da cuenta
de que hace tiempo no le importa. Inicia el divorcio, y
alguien debe quedarse con la mansión que él
ha comprado y ella decorado fastuosamente. Su abogado y amigo
Gaven cuenta la historia de la pareja, desde los tiempos en
que fue mediador hasta que salió huyendo. Ni Barbara
ni Oliver quieren ceder, y se ven forzados legalmente a compartir
el lugar durante el proceso. Se amenazan, engañan,
ponen el pie, vandalizan, roban y rompen mutuamente sus pertenencias,
empezando por lo pequeño y querido y terminando con
lo grande y valioso. Destruyen sus vehículos, matan
sus amadas mascotas, y prácticamente destruyen su casa.
Oliver ofrece paz para herirla más, y ella responde
con crueldad adicional. Se declaran la guerra abierta,
lanzándose todos los objetos disputados, rompiendo
ventanas y muebles, y no terminan felices para siempre. Una
historia fascinante, estilizada y mórbida. |
Una mano vendada sujeta un paquete de comida...
una trinchera sucia, húmeda y fría, donde cansados
hombres de guerra se protegen de las balas enemigas. El paquete
de comida vuela por los aires y cae cerca de la trinchera
enemiga. Un palo se extiende y jala el regalo, y un grito
apagado de “¡Gracias!” suena extraño
en la noche. Y luego un disparo. Así empieza la historia
del batallón que poco a poco se iba dando cuenta de
los árboles navideños brillantes del enemigo,
del sabroso olor de su desayuno, y de sus quejas por el mismo
frío.
Los altos comandos les recuerdan que no deben perder la hostilidad,
pero se comunican los soldados cercanos y concuerdan en que
desean enterrar a sus muertos en nochebuena. Poco a poco,
los bandos hacen caso omiso de los hombres que van a recoger
y enterrar sus muertos, y en ocasiones se ayudan a hacerlo.
Dos noches antes de navidad, un lado entona un villancico
y el otro lo termina. Los hombres se reúnen discretamente
y llegan a intercambiar mensajes y regalos en la noche, en
una hermosa escena donde ningún batallón acepta
haberlo hecho, pero todos ven que un par de unidades enemigas,
vecinas, colocan latas en el piso y comienzan a jugar fútbol.
Cantan juntos villancicos y terminan navidad en paz. Mueren
algunos hombres por algún tirador distraído,
y horas después las órdenes de los superiores
les recuerdan a los amigos que no lo son, y que deben matarse
nuevamente.
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| Respuestas:
Seguramente ya había escuchado de la famosa Tregua
de Navidad, totalmente real, entre alemanes e ingleses en
1914. Nunca se ha aclarado si realmente se jugó al
fútbol. Lo cierto es que Danny Devito se lució
dirigiendo a Michael Douglas y Kathleen Turner en “La
Guerra de los Roses”(1989), en una comedia negra sobre
un amor que se volvió guerra en navidad. |
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