
La mejor manera de aprender un lenguaje es tomar el medio de transporte
más barato que puedas encontrar. Así fue como caí
en el hogar caravana mexicana y vi lo que vi. No quiero ser reiterativo
con una situación que todos conocemos, pero aquí está
una historia de tales triunfos sobre la adversidad que harían
quebrarse a una veterana como Oprah.
Estábamos manejando sobre la 57 cuando finalmente entendí,
el griterío festivo en el autobús era de hombres que
estaban trayendo el botín de las fiestas a sus familias.
Ya que en Austin, Texas, una mujer de San Miguel de Allende me vendió
un boleto directo a Guanajuato y el camión estaba lleno de
hombres guanajuatenses ansiosos de ver sus montañas nuevamente.
El autobús se detuvo a las 2 de la mañana emocionado
el grupo, combinó sus fuerzas con otro camión de estilo
Mazinger Z. Una de las más grandes maravillas del mundo es
la habilidad mexicana tipo-tetris-de-elite para acomodar un montón
de cosas en un espacio pequeño. Los maleteros rebozaban regalos
como lujosas bicicletas y reproductores de DVD, el exceso se extendió
varias filas pasando el baño y hasta el techo, forzando a
una situación tipo lata de sardinas al frente. Un tipo de
Celaya, sentado al lado mío, se agarró a platicar
con una abuela y su nieto, manteniéndolo ocupado toda la
noche. Yo, miré el paisaje de tierras agrestes de México
volando por la ventana del autobús. Algunas veces ves un
fuego solo, lejos en las distantes montañas del desierto,
y tu único pensamiento es, “¿Cómo puede
alguien sobrevivir allá afuera?” La noche entera fue
animada con suaves discusiones sobre los próximos buenos
tiempos una vez que ellos llegaran de vuelta a casa.
Como yo lo vi, un montón de niños en México
van a tener una mejor navidad que algunas de mis gentes allá
en casa. Y sabiendo cuantos camiones más estaban en este
convoy, pienso que la industria detallista americana debería
estar muy agradecida porque los trabajadores mexicanos gasten su
dinero en Estados Unidos comprando regalos para su gente en el Viejo
México. Para aquellos que lo han olvidado, esto se llama
comercio. A pesar de algunas veces envilecidos, esas personas no
son pochos, sino obviamente hombres que vieron una buena oportunidad
para sus familias y la tomaron, pero que también buscan siempre
regresar a casa en México.
Créeme, la expresión de sus rostros cambió
cuando la dramática Sierra de Lobos y la Sierra de Guanajuato
hicieron su aparición en la IMAX de las ventanas del autobús.
Los planes para acelerar todo, llevaron hasta a llamar un taxi para
mí y otros dos para ir directamente a San Miguel en lugar
de tomar otro autobús ahí. En serio güey, ellos
hicieron que un tipo de San Luis de la Paz nos estuviera esperando
en la intersección del camino pasando Los Rodríguez
y la 57. Después de otra breve sesión de tetris, todo
nuestro equipaje y nuestros cuerpos estuvieron metidos en el taxi,
atravesando grandes ranchos y llevándonos de vuelta a la
ciudad de San Miguel de Allende.
Toda la vibra del viaje fue jovial, si yo estuviera tomándome
dos meses de vacaciones, también estaría feliz. Además,
ellos habían hecho obviamente lana suficiente para traer
el saco de Día de Reyes.
Aquí está cuán bien les fue. Se estima que
esos trabajadores envían una remesa de 16.6 billones de dólares
a México, la cual combinada con el resto de Latinoamérica,
suma 45.8 billones. Una gran parte de la economía norteamericana
se beneficia de esto también, puesto que están comprando
productos en Estados Unidos para llevar a casa. Si los migrantes
trabajadores estuvieran haciendo algo absurdo, como mandar sólo
uno de cada 5 dólares ganados, eso significaría que
gastan aproximadamente 64.4 billones de dólares en Estados
Unidos.
A diferencia de aquellos que vinieron antes que ellos, esta nueva
ola de trabajadores migrantes mexicanos está usando su dinero
no sólo para su familia,
sino también para sus comunidades. Lo que ellos llaman remesas
han generado muchas grandes cosas aquí en México.
Se ve como una relación ganar-ganar para ambos países.
Me pregunto si habría alguna diferencia si fueran canadienses.
Nunca olvidaré ese recorrido en autobús, porque siempre
será el último a través de los escenarios de
película de vaqueros que es la 57 en el norte. Hice el recorrido
a casa en una embarcación llena de vikingos mexicanos, los
cuales obviamente habían estado envueltos en alguna muy ardua
labor para ganar todo lo que estaba a bordo. Pero la llave es estar
en casa.
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