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Zelu Lloyd
Buena parte de mi infancia y juventud imaginé que el mundo vivía un momento feliz, y todos los monstruos sociales estaban muertos, agonizantes o bien en algún país lejano, y sólo quedaba luchar contra el desempleo. Pero ahora... no sé qué es más espeluznante: el drama del celuloide o la tragicomedia de las noticias. Seguro no le costará trabajo distinguir cuál es cual.
La butaca de mi casa por Zelu LloydLa primera película abre con una cita de Benjamin Franklin: “¿Cuánta libertad estás dispuesto a ceder en nombre de la libertad?” Es una atípica historia de un antihéroe, un abogado contratado por el gobierno, que tiene en sus manos una misión que al mismo tiempo le entusiasma y aterra. Se le ha encargado detonar el largamente deseado ‘Proyecto Orwell’, que proveerá al gobierno, en el plazo de diez años, de conocimiento casi divino sobre todos sus ciudadanos. Construyendo sobre el cadaver de “TIPS”, un sistema de espías civiles planeado para superar en porcentaje a los Stasi Alemanes, Sam recibe una llamada y un depósito bancario que le facilitará construir un proyecto genial... propone estandarizar todas las credenciales de conducir en el país, para construir, en la práctica, una gigantesca base de datos con nombres, domicilios, edad, sexo, nacionalidad y datos biométricos de todos los ciudadanos con automóvil. Luego de encontrarse con varios detractores y casi perder a su esposa y su hijo universitario en el proceso, logra que el senado y el presidente apoyen la ley, que no sólo conectará a todas las agencias de control vehícular, sino que le dará al Departamento de Defensa puertas abiertas para usar la información a su antojo. El final es agridulce, cuando se declara válido el proyecto, empresas hacen cola para manejarlo, y Sam es felicitado estilo “El padrino” por sus empleadores, pero al llegar la noche no sabe qué pensar de sí mismo y su futuro.
Bienaventurada sea la película que puede presentar al protagonista volviéndose loco y lograr que sea un final feliz. Para eso se necesita que todo el mundo, el pasado, presente y futuro del protagonista sea peor que una jaula de fantasía. Y así es el mundo de Sam, que vive en un país, versión Big Brother setentero de Inglaterra o tal vez Estados Unidos, donde cada aspecto de la vida es controlado por una tecnocracia centralizada y burocratizada hasta el ridículo. Sam tiene una madre rica y bien conectada, un trabajo mediocre donde se le respeta, y un departamento automatizado… es uno de los millones de pequeños La butaca de mi casa por Zelu Lloydengranes de un sistema sin sentimientos, donde no hay individuos ni comida de verdad.

Pero Sam sigue soñando que vuela entre las nubes, como un Ícaro con traje-torso metálico y pelo largo y lustroso. Busca entre muros misteriosos a una mujer-musa atrapada por criaturas indescriptibles... y cuando despierta, tiene un problema real que corregir: un zapatero ha sido confundido con un trabajador ilegal y ha sido arrestado. En un afán de regresar el sistema a la normalidad, conoce a la chica de sus sueños, y sin querer se mete en problemas con el sistema, y es acusado, junto a su también inocente enamorada, de actos de terrorismo y gastar papel y tiempo del ministerio. En un mundo alucinante donde una persona no es más que un número más grande o más pequeño, perder la razón no es una mala idea.
Respuestas: Efectivamente, inventé el primer Sam para la historia del “Real Id”, credenciales de manejo aprobadas por la Defensa Estadounidense; el segundo es Sam Lowry, el desafortunado protagonista de la magnífica “Brazil” (1985), de Terry Gilliam, al parecer una predicción acertada, si seguimos así....
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