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Mi butaca, que mantiene un triángulo
amoroso con el cine y la vida a la vez, se ha orientado hacia
ese sol rojo intenso que quema y anima a la vez, de adentro
hacia fuera. Esta fue mi cursi introducción a dos historias
de amor, una de las cuales es legítima película
y la otra una impostora de la vida real. ¿Puede distinguirlas? |
Tal
vez lo contrario de la muerte no sea la vida, sino el amor.
El, autoexiliado de la vida, a diario se emborracha, se droga,
maneja casi tan rápido como cambia de mujeres. En un
momento, decide pisar el acelerador y dirigirse sólidamente
contra un muro. Mientras tanto, Ella ha agotado todas las
vías para evadir a su familia, que la amenaza de muerte
y/o deshonra por no ser una mujer tradicional. Así
que toma un cuchillo y se desquita con sus venas. Ambos, para
no variar, fracasan. Terminan en el mismo hospital psiquiátrico,
y escapan juntos. Y ella ve en él la última
carta bajo su manga; si se casan, podría matar varios
pájaros de un tiro: alejarse de su familia, desacatarse
más donde no la conozcan y, de paso, seguir viva. Él,
estando sobrio, la ve como una última molestia que
podría divertirlo hasta su siguiente intento de matarse.
Y así se casan, con el pacto de no ser marido y mujer
más que para la sociedad, y usar el mismo techo sólo
para dormir. En un principio funciona, pero ella no puede
evitar comportarse como dueña de la casa, y reacomoda
los muebles, limpia las paredes, y desempolva todo... incluyendo
sin querer el corazón de su “esposo”. El
hongo del enamoramiento crece poco a poco y sólo en
los rincones oscuros, pero termina por causarle comezón
a ambos, que no quieren reconocerlo hasta el día en
que él mata sin querer a un conocido por hablar mal
de ella. Entra a la cárcel, y ambos hacen un juramento.
Él no se matará en la cárcel y ella no
buscará su destrucción afuera, hasta el día
en que termine la condena y puedan intentar amarse, en serio
ésta vez. |
Ella
es una mujer de mundo, disfruta los servicios de agencias
de viajes, meseros y hombres. Alérgica a la competencia,
se aleja de los que sean como ella. Así que se casó
con Paul, un poeta. Enferma de los nervios, trató de
subirse a un tren de vida más lento, pero tuvo que
bajarse en la primera estación. Gustaba del papel de
hipotenusa en varias aventuras pasionales con hombres que
eran puro corazón y espíritu, y terminó
en la cama del mejor amigo de su esposo. Así
las cosas, se encontró un nuevo artista que tenía
muchos problemas para mantenerse cuerdo, pero ninguno
para pintar. Convertida en vendedora / madre / amante
/ representante / cómplice, acompañó
a su esposo a distintos países, donde consiguió
cada vez más clientes para los cuadros de su talentoso
esposo, y algunos enemigos. Lo separó de su familia,
de algunos socios, y se encelaba furiosamente si alguien lo
tocaba. Aunque su dueña, era también su presa
y, fascinada por su mente, su comportamiento e imaginación,
lo llevó a la cama. Sin embargo, la sexualidad del
hombre sólo echaba chispas en cualquier otro lugar,
pues era impotente. Esto la hubiera alejado de cualquier
otro, pero una noche mágica soñó a su
marido nadando en un río de oro. Se lo contó
a la mañana siguiente y decidió no abandonarlo
jamás. Él le dedicó su vida y ella la
suya, y se convirtieron en una sola máquina de hacer
dinero y pelear. Fueron felices/infelices para siempre. |
Respuestas:
La primera pareja fue Cahit y Sibel; protagonizan “Contra
la Pared” (2004) de Fatih Akin, ficción apasionante
con un final tan abrumador como su principio. La segunda es
sólo una fracción sintética de las andanzas
de Gala y Salvador Dalí, amigos de todos nosotros.
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