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Sweet Home
Después de tanto drama y mal viajar a medio mundo, por
fin despierto y me doy cuenta después de estar encerrado
en mi cuarto por cuatro días sin ni siquiera salir a comer
y mucho menos abrirle a nadie y darme cuenta de que soy un pinche
ridículo y patético y me da una cruda moral tan
chafa que la neta me di harta hueva.
Salgo de mi encierro y le doy la cara al mundo, ya con voz, porque
hasta eso perdí. Y pensando en lo que me dijo mi compa
Cielo “Güey no tienes voz porque Dios quiere que te
calles un rato.” Eso me motivó tanto que la neta
te das cuenta que cómo vas a defraudar a la gente que te
quiere. Imagínate suicidarte, ¡qué hueva!
Es lo último que haría yo, dejar problemas hasta
después de muerto. ¡Uy sí! Te suicidas y ¿ahí
acaba todo? ¡Pues no! Dejas problemas a los que más
te quieren. ¡Qué egoístas podemos ser! Si
fuera así de fácil, todo mundo lo haría,
al ego hay que tenerle cuidado.
Refugiándome en el alcohol, a parte chafa Tonayán
de a 7 pesos, termino en el bar de unos amigos que la verdad los
respeto porque cómo me han aguantado, ya pedo con toda
la soberbia posible, me voy a sentar en el rincón más
solo, con una cara de kulei que pasaban amigos y ni me pelaban
o me saludaban de lejecitos por la fachita que traía. Que
me ofendo y me empiezo a mal viajar sin razón, creyendo
que todo mundo está contra mí y me salgo diciendo
“¡Me voy al desierto!”
Tomo un taxi para que me lleve a la salida a Querétaro
a las 12 de la noche para pedir ‘ride’ (qué
loco) y lanzarme según yo para curarme de toda la mierda
que traía en la head y me deja en Gigante. Yo sin varo
le digo, disculpa por no decirte pero te doy mi cartera (sin lana)
porque no traigo dinero. Así que se enoja el señor
taxista, me baja y casi me pega y me dice “pa’ la
próxima, háblame al chile” y se va.
Y ahí estoy a media noche, pedísimo pidiendo ‘ride’.
Me levanta un señor y me deja en el crucero de la autopista
y de ahí, ni 10 minutos habían pasado, cuando pasa
un trailero y guau, me levanta y ahí voy, hable y hable
con el chofer, explicándole mis problemas todo pedo. Después
de una hora, se ven todas las luces de la ciudad próxima
y le digo “guau, qué rápido llegamos a San
Luis Potosí” y me dice “qué pasó
carnal, ¡es Querétaro!” ¡No mames, pedí
‘ride’ en la dirección equivocada! Y ya en
Querétaro, que me bajan y con un pinche frío de
la ver… Me voy caminando hasta el centro con una cruda de
lo peor y finalmente, después de casi una hora caminando,
me topo unos teporochos y me regalan un trago de alcohol del 96°
(directo) porque ni pal chesco tenían y me lanzo pa’
los portales y nada de gente ¡vacío! Solamente indigentes
durmiendo entre cartones y ya casi me iba a meter entre las cobijas
de ellos, por el frío y la cruda de lo peor (mentándomela
por güey) y dejar San Michael, pensando en mi cama y guau,
escucho a alguien diciendo “¡Rockman!” y era
una chava con un chavo y dice “¿Cómo estás?
¿Qué haces aquí? De seguro ya no te acuerdas
de mí. Soy Lolis, nos conocimos en el Real (puta la neta
no, pero no le dije eso). Claro que me acuerdo, ¿cómo
estás? ¡Qué chido! (con el chavo mirándome
todo raro) y le digo “no me la vas a creer”, le eché
todo el rollo de lo que me pasó y me invita a quedarme
en su casa, guau, de la que me salvé. Qué buena
onda, nos fuimos a su casa. ¡Ésos son ángeles
de verdad! Ya llegando a su cantón, una casa súper
pequeña de Infonavit donde vivía con la mamá,
3 hermanitos, la abuela, el abuelo, una tía, un primo,
el novio y dos gatos y me dan un sofá para dormirme y 2
cobijas rositas para taparme (nunca me sentí tan cómodo)
y a roncar, seguro que desperté a toda la casa. Ya en la
mañana y en lunes, oigo voces de niños. Clarito
sentía las miradas y oía que decían “¿quién
es ese señor?” yo me hacía el dormidote, hasta
que oí que los mandaron a la escuela y me levanto y ¡qué
oso! Estaba toda la familia desayunando y viéndome con
curiosidad y me dice la mamá “véngase joven,
a desayunar.” Me sirven unos chilaquiles riquísimos.
Qué chida gente. La neta hay veces, o la mayoría
de las veces, la gente pobre es la que da más o te comparte
lo poco que tiene. “Ya me dijo Lolita que lo conoció
en Real de Catorce”, me dice la mamá y todavía
me ofrece lana para regresarme. Me dio mucha pena y le dije que
no y les di las gracias a todos y les dije que a ver cuándo
me visitaban en San Michael.
Ya en la calle, taloneo 10 pesos para un Tonayán y curármela.
Finalmente llego a la autopista y ahora sí me fijo pa’
dónde es la dirección adecuada y ahí voy
pide y pide ‘ride’. ¡Quince ‘rides’
hasta San Miguel! Porque ya no quise irme al desierto (siempre
que salgo de San Michael me pasa algo, aquí estoy a salvo)
pasaron desde unos cholos con el estéreo a todo volumen,
un señor con su señora toda gorda masticando chicle
y con una cara de fuchi, un gay que me invitaba a ir a la playa,
un ranchero que acababa de llegar del norte y que no paraba de
hablar de Chicago, un vendedor de seguros, el camión de
la Coca-Cola, un güey rete-fresa que sólo conoce El
Grito en San Miguel y piensa que es todo, atrás de una
troca con 3 chivos, en un vocho con 5 güeyes oyendo “se
me perdió la cadenita”, con un gordote que me invitó
una torta riquísima, un licenciado que me dio su tarjeta
por si me metía en pedos en San Luis de la Paz, un compa
que es pollero en el verano (coyote), el camión de Bimbo,
un maestro que venía bien pedo y finalmente la policía
municipal que me dejó en el centro y de ahí ya no
salí de mi casa en tres días ¡ya me da miedo!
Y otra vez, I hate you too!
Home Sweet Home. No vuelvo a salir.
Atentamente,
El pinche Sergio (the punk formerly known as Rockman)
latranzarubi@yahoo.com
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