
Guanajuato, Gto. – Siempre un buen momento. Y hoy
Zoe y Becker fueron agregados al cartel. Gracias a la Universidad,
los chavos que querían rock tuvieron la oportunidad de
escuchar los sonidos duales de Becker y Zoe. Y rock es lo que
hicieron.
Siguiendo el procedimiento estándar del Manual de Entrevistas
de La Jerga, fallamos en asegurar una hora y lugar para, ciertamente,
hablar con dichas bandas. Decidimos que el sound check sería
nuestra mejor oportunidad, llegamos sorprendentemente temprano
para cualquier concierto de rock. Justo a tiempo.
Por supuesto, esto significa que el sound check estaba en proceso,
que es el mejor momento para realmente escuchar a la banda. El
punto óptimo de escucha, justo en frente del ingeniero
de sonido, siempre está desocupado y puede ser disfrutado
sin 1,000 de tus cercanísimos amigos. No es que esté
en contra de las multitudes, pero mi momento y lugar en cualquier
cosa que se parezca a un slam, pasó hace mucho tiempo.
Fue cuando estaba tirado en el piso, escuchando a Becker, recordándome
el lado más bonito del emo, que escuché algo que
no había oído desde mis días en los ranchos.
Era una estampida. Cuando volteé, vi no menos de 200 chamacos
corriendo hacia el escenario. Todos querían su rock y lo
querían ya.
En
ese momento decidí continuar la bonita tradición
de los críticos musicales de cualquier lado y fui por una
cerveza antes del show. Pero no había. Y como si las implicaciones
de estar sin una cerveza durante un concierto en el Día
de las Flores empezaran a ser perfectamente deducidas, Becker
empezó a ofrecer el triste sonido de la canción
de la vida para reconfortarme.
Me gusta el emo en México. Porque en México, los
hombres no lloran. Verás, allá en Estados Unidos,
me acuerdo haber visto bandas como Becker, pero con el vocalista
principal berreando como heredera traicionada en alguna telenovela
chafa. En serio, un mar de lágrimas.
Becker nunca lloraría. No tienen necesidad. Es una banda
legítima, la cual usa sus guitarras para construir cortinas
de sonido que se dibujan alrededor de letras muy bien escritas.
Y, a diferencia de un montón de bandas que intentan reproducir
este sonido, el bajo y la batería estaban justos y ninguno
requirió llevar la melodía. Y unidos, la banda como
conjunto, brindaron un repertorio que hubiera enorgullecido a
los dioses del rock independiente.
Esta fue la segunda ocasión que vi a Becker, y definitivamente
los vería de nuevo. Son como Sunny Day Real Estate, pero
con las guitarras de Three Mile Pilot o Braid. Si no conoces a
esas bandas, pero estás leyendo esto porque te gusta Becker,
Googléalas ya.
La música de Becker siempre me recuerda un truene mientras
la lluvia se lleva las lágrimas. O una fiesta de cumpleaños
de Eeyoree, donde la decoración es siempre la misma. Almacenada
y vigilada por un gatito perdido. Triste, pero fuerte en el sentido
mexicano, a diferencia de sus predecesores en los Estados Unidos
que lloraron como perritas.
Por tal razón me gusta el emo rock en México pero
lo desprecio en Norteamérica.
Entonces, vinieron las luces feas entre las bandas. Por reflejo
me levanté a buscar una cerveza, cuando recordé
que era una operación limpia. Lo más bizarro de
este concierto, es que tampoco tenían ningún puesto
de porquerías.
Este debió ser el primer show en el que he estado en un
buen rato, donde la banda no estaba tratando de mercar playeras
de la gira y cds. Ni siquiera pósters. Sin ninguna diversión,
decidí regresar a mi lugar y ver al técnico que
pretendía ser parte de la banda. Como dije, el sound check
me divierte.

Entonces, se apagaron las luces y salió Zoe. Tengo que
admitirlo, pensé que iban a ser un poco presuntuosos. Ese
temor se desvaneció después de su primera canción.
Esos chavos no sólo hacen un buen video sino que también
suenan bien en vivo. La mejor parte fue que la multitud estaba
prendida. Siempre es una buena señal cuando puedes escuchar
el dulce coro de mexicanos cantando juntos en armonía con
la banda. Fue una gran noche.
Zoe deleitó con un repertorio de rock melódico de
calidad. Especialmente me gustó el sonido electro ligero
que tiraban en los lugares correctos. Y lo mejor es que podías
bailar. Y lo que normalmente no es tierra de hombres, se convirtió
en una fiesta de baile frente a la banda. Aún cuando falló
la luz en la cabina de sonido, la gente cantó, llevando
la canción hasta el fin. Eso es amor de fans.
Zoe tocó su hit radiofónico a la mitad de su presentación,
en lugar de guardarla para el clásico encore. Y cuando
llegó el momento del encore, se entregaron, dando una carga
de energía la cual mantendría prendidos a los fans
que seguirían chupando toda noche. Porque era Día
de las Flores en Guanajuato, y los buenos tiempos acababan de
comenzar.
|
 |
|