La
historia es bien conocida por estos lugares. En el camino a Celaya,
justo antes de alcanzar la salida a Guanajuato, al lado de la carretera
principal se puede ver un puente en desuso que data del siglo XVI.
Por el año de 1575, dos monjes franciscanos, Fray Francisco
Doncel y Fray Pedro de Burgos, llevaban por ese puente dos figuras
del ‘Cristo de la Conquista’ que estaban destinadas
a las Villas de San Miguel el Grande y San Felipe Torresmochas.
Ese día, un grupo de chichimecas que solía atacar
por esos rumbos, los sorprendieron. Los pobres frailes fueron asaltados,
martirizados y sacrificados por sus agresores. Milagrosamente, las
imágenes del ‘Cristo de la Conquista’ que transportaban
no sufrieron un solo rasguño y permaneces hasta hoy en nuestra
querida Parroquia. Aquel viejo puente, ahora se conoce como ‘El
Puente del Fraile’ y ese empleaba todavía no hace mucho
tiempo.
Al paso de los años, la leyenda del Puente empezó
a difundirse y evolucionar, viajando hasta la España Imperial.
Todo mundo, desde los arrieros, peregrinos y otros caminantes; decían
haber visto a uno de los monjes en ese lugar. Hace no más
de diez años, los carros todavía usaban el puente
de Celaya a San Miguel. El camino dobla en una curva hacia arriba
de la loma antes de bajar a un pasaje angosto, permitiendo el paso
de un solo carro a la vez. Ocurrieron muchos accidentes y muchos
culparon a las apariciones de los monjes fantasmales.
Existen muchas leyendas sobre San Miguel de Allende, de sus casas
y sus calles. Era muy común en la Nueva España que
la gente creara ese tipo de historias para explicar su miedo a lo
desconocido. Una leyenda, normalmente, es 95% fantasía. Pero
cada una se origina de un hecho real. Con el paso del tiempo, éstas
y muchas otras historias van desapareciendo lentamente de nuestro
conciente colectivo porque los niños actualmente no están
interesados en aprenderlas o no hay gente que se las enseñe.

Últimamente, se ha dicho que ese puente es un lugar común
para aquellos involucrados en la magia negra y en las artes ocultas.
Este hecho, aunado a varias historias de fantasmas y experiencias
de accidentes automovilísticos de casi-me-muero, desataron
la investigación del equipo de reporteros de La jerga. Nosotros
personalmente fuimos al puente y buscamos las evidencias de los
citados rituales de magia negra. Y, de hecho, encontramos algunas
cosas interesantes. No muy lejos del puente, descubrimos las cenizas
de una fogata con los restos de unas velas derretidas, una sustancia
no identificada similar al ámbar (de la cual no quisimos
saber más por temor a lo que pudiera resultar), montones
de hierbas y chiles rojos frescos, obviamente traídos al
lugar por alguien.
Además hallamos una gallina sin cabeza (misma que encontramos
un poco más adelante) que debió ser sacrificada en
algún tipo de ceremonia. Por último tropezamos con
los remanentes de lo que parecía un altar justo debajo del
puente. La atmósfera, incluso al rayo de sol, era espeluznante.
En parte por los miedos preconcebidos y las supersticiones que muchos
de nosotros ya traíamos y, o tal vez a causa de las chivas
demoníacas que nos aparecieron en ese momento. Nosotros no
vimos a ningún monje, pero tratamos de imaginarnos manejando
más o menos rápido cuesta abajo o tomando esa curva
erróneamente a medianoche y, posiblemente, encontrándonos
con otro carro justo frente a nosotros. El antiguo puente, en efecto
tiene el encanto de otros tiempos y debemos estar agradecidos de
su estructura, de las historias y leyendas que han permanecido intactas.
Aún así, gracias a Dios por esas pequeñas comodidades
modernas como las carreteras de doble vía. 
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