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El amor ha sido tema de varias obras literarias a lo largo de la historia, y si bien podemos mencionar grandes de esas fatalidades románticas (qué sería de tal emoción sin su ingrediente lastimero), no hay ninguna que se compare con el triste, meloso e impactante desenlace de Romeo y Julieta. La chica de apellido Capuleto se quitó la vida contando con tan sólo trece años. El amor, ya es de sobra sabido, puede acarrear estados de locura que pueden finalizar en catástrofes de todo tipo.

En estos tiempos se ha dado una evolución bastante molesta para el género masculino, y más tomando en cuenta si la nacionalidad del mismo es mexicana. Puedo asegurar sin duda que cualquiera que muestre su pasaporte mexicano, tiene bien marcado con tinta indeleble el sello de macho. La evolución a la que me refiero, es la libertad con que la mujer ha aprendido a desenvolverse en el país, sin aquellas viejas ataduras que la hacían vulnerable ante la necesidad de caminar recargadas del brazo de algún hombre. No digo que el machismo haya desaparecido, no. Lo que ha cambiado es la habilidad femenina para deshacerse de las cadenas que antes las hacía encerrarse en un mundo creado por su pareja. Este agradable paso de las mujeres, bajo la bandera del feminismo, nos ha regalado la presencia de eminencias femeninas en todos los ámbitos sociales del país.

Ahí tenemos a nuestra campeona Ana Guevara, con todo y su masculina presencia, a Elba Esther Gordillo, a Rosario Robles, a Amalia García, a Martita Sahagún, etcétera. Todas ellas son la imagen de la mujer fuerte y autosuficiente mexicana que hoy en día se abre paso entre la torpeza machista. Todavía hace algunos años, y todo debido a los obstáculos de celos y envidias que les imponían los hombres, la mujer parecía alejada de los escenarios importantes del país. Para no ir más lejos, Picasso, famoso por el misógino trato que daba a sus mujeres enamoradas, nunca hubiera podido hacer de sus fechorías en estos tiempos si de conquistar a una fémina se hubiese tratado.

Rosario, ¡ay mi Rosario! Tan bella ella con sus ojitos chiquitos como de frijol, su boquita bien pintada con lápiz labial de a quince pesos, sus faldas vetustas vetustas y esa voz segura al momento de expresar ante los micrófonos sus prioridades dentro de su antigua gestión como Jefa de Gobierno, caminaba muy mona con la postura erguida y esa máscara de mujer de hierro, indomable, tan poderosa, tan fría, tan capaz, tan ajena de los conflictos amorosos. Su carrera política iba en ascenso, y corría y corría angelical por los laberintos políticos y tenía fuerte presencia en su partido, el PRD. En algún momento desapareció, y razones sobraban.

Carlitos Ahumada, el pillo de esta historia y del momento en el país, apareció vestido con su traje de príncipe azul (o de panzaverde del club León, vaya usted a saber), deslumbrando a la indomable Chayito con su gallarda presencia y adorable soberbia (pinches viejas, ¿por qué les gustan los hombres descarriados?). Y comenzó su cuento de hadas, su novela de Corín Tellado, su tragedia isabelina, su telenovela de Carla Estrada. Su lipstick de quince pesos fue sustituido por uno de trescientos pesos, sus vestidos dejaron la pinta abuelesca y se pintaron de Chanel. Vinieron los viajes, los cruceros, los martinis, las constantes lunas de miel... Cual María Mercedes se dejó enamorar por los lujos que nunca había probado, dejó de ser la adorable mujer recia política y se convirtió en algodón de azúcar desmoronada en la lengua y cartera de Ahumada (o entrepierna, se podría decir). No hay duda: el amor apendeja, no importa el grado de hielo que corra por las venas de la víctima.

Y aquí viene el inicio del trágico desenlace. El escándalo de los videogates desató la vorágine y la desesperación de Rosarito. La huida del empresario méxico-argentino fue protegida por al amor de la ex-Jefa de Gobierno. Su carrera política parece haberse estancado entre las mariposas que vuelan y vuelan en su estómago (revuelto, porque digo, guácala besar a un corruptor del calibre de Ahumada). Rosario es una mujer enamorada, y nada más, una mujer que se enterraría la daga por su hombre si lo encontrase envenenado a su lado, una Capuleto que nada puede juzgársele. Pero tampoco es así de sencillo. Encubrió el paradero de Ahumada y por ello tendrá que (no sin antes retocarse con carmín sus labiecitos) responder ante las autoridades por tal motivo.

La extradición de Carlos Ahumada es otro cuento que con mucho gusto contaré en otra ocasión, aunque ya preveo más o menos el final. Pasarán dos o tres años para que el empresario sea extraditado de Cuba. Para entonces, otro escándalo político estará en boca de todos los mexicanos y, por supuesto, de Paty Chapoy, algo así como, “Vicente Fox balconeado por su ex-esposa, la candidata panista a la Presidencia de la República: siempre ha sido impotente”. Bajo la premisa de “el amor es más fuerte que la corrupción”, finalizo esta tragedia amorosa como se debe, a la Shakespeare: “Salgamos de aquí para hablar más extensamente sobre estos sucesos lamentables. Unos obtendrán perdón y otros castigo, pues nunca hubo historia más dolorosa que esta de Rosario y su Carlitos”.

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