Maria
Morley: “Negro y Azul: un viaje”
por Ana Quiroz
La
reaparición de la conciencia, el viaje personal, las palabras
y los símbolos se reúnen en la obra de Maria Morley.
Una entrega íntima y reflexiva trabajada introspectiva e
intuitivamente.
A lo largo de sus estudios de maestría en el Instituto Allende,
el barro ha sido su especialidad, sin embargo es en el hábitat
de los objetos reciclados, la basura reutilizada, la construcción
y lo parcialmente efímero, lo que caracteriza la obra.
Una suerte de mensajes, atmósferas o pequeños sueños,
donde cada elemento atiende a un sentido personal y al mismo tiempo
público. La obra claramente se divide en un reflejo íntimo
y rico de su experiencia en esta ciudad y en este país, y
un grupo de instalaciones que hablan sobre el paso a galope de las
corporaciones, el abuso del consumo y la manipulación de
las masas. Aquello que ha llevado a los norteamericanos a dormitar
en un sueño de falso bienestar, un mundo a base de entretenimiento,
mentiras y falsa libertad. Lentamente
emerge una resistencia, como Maria y muchos otros, un extraño
despertar que abre el intelecto hacia otras posibilidades.
En el reino de la sobreinformación, la artista refleja un
sentir similar. Una parte importante del trabajo, es su literatura;
personal, social y política en jeroglíficos o letras
del abecedario. Con ironía y crudeza puede tratar los temas
del terrorismo o las masacres intraescolares. Está presente
el sentir de una juventud enervada y sometida.
El conjunto de estas instalaciones reflejan una extraña necesidad
de ser pobres. Resulta idóneo en un país estigmatizado
como “pobrecitos,” aunque ésta no es la intención
de la artista.
No obstante el negro y el azul, todo está impregnado de un
halo de alegría y visión esperanzada. |
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