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Caida Libre

Adalberto Canales Buen Rostro, mejor conocido en el bajo mundo de los repartidores de gas butano como “El Conan”, se disponía a subir los 728 escalones que separan la puerta de mi apartamento con la tierra firme, con dos cilindros de 30 kgs. c/u del carísimo energético a cuestas, cuando, repentinamente y presuntamente a causa de un resbalón provocado por el contacto de sus burras Dr. Martinillo – Martinillo, ¿Dónde estás? – con una cáscara de plátano de Metepec, el citado Mr. Conan rodó por las escaleras, siendo brutalmente impactado en sus dos cabezas por los tanques, ante la mirada atónita de su servidor y vecinos que me acompañaban, quienes nomás nos tapamos las orejotas esperando que en cualquier momento surgiera una explosión tipo San Juaníco, y así, trágicamente y en slow motion, el estimado y fino amigo fue cayendo escalón por escalón, con un sincronizado movimiento cabeza-panza, cabeza-panza, cabeza-panza, cabeza-panza, de repente rodilla y huevos, otra vez cabeza-panza, hasta terminar de nalgas en el jardín del edificio con los cilindros de gas como escolta, uno a cada lado. Inmediatamente después de bajarme el susto por medio de un bolillo con cajeta de Zacoaxpo (que no por menos famosa es menos rica que la de Celaya), corrí hacía mi distribuidor de gas, quien yacía balbuceante, arrojando baba por el hocico, sangre por sus heridas y mocos por su nariz, pobrecito del Conan, el chingadazo lo había dejado peor que a un cogido por toro en San Miguelada, tiernamente lo tomé entre mis brazos y grité con todas las fuerzas “¡¡¡¡¡¡Noooooooooo, llévame a mí!!!!!!”, quise cerrar sus ojitos y darle la bendición, pero en ese momento descubrí que Dios sí existe, el Conan movió el dedo chiquito de la mano izquierda, después el dedo gordo de la derecha,  para posteriormente y en una escena digna de cualquier película de Tom Cruise, levantóse completito, sacudiose la tierrita y dijo: ¡¡Échenme otros dos!! Yo no podía creer lo que veía, era difícil entender como un ser humano podía resistir tal caída, es cierto, el Conan, aunque chaparrito, era el vato más mameluco de todo San Juan Bosco, pero aún para un chango como él, un madrazo de esos, ni el PRI lo aguanta.

Luego entonces, se sentó en el primer escalón y dijo algo en un idioma entre chino y coreano, con un leve acento ucraniano, que la neta no entendí ni madres, tenía sus ojitos en blanco, le costaba trabajo respirar, y su orejita izquierda parecía quesadilla de chicharrón prensado, pinche ambulancia no llegaba y yo sentía que don Conan se nos piraba al otro mundo, así que, del camión de la gasera bajé un diablito y como pude trepé en el al lesionado, aprovechando que la calle está de bajadita me enfilé hacía distinguido hospital pa´gente fresa en donde labora como galeno mi buen amigo Ricardo Prieto, quien al verme llegar con el cargamento en estado de semidescomposición, inmediatamente ordenó a una señorita a la que por cierto veía con ojos de lujuria y frenesí, acercara una camilla y preparara la mesa de operación. ¡¡Sálvamelo doctorcito, sálvamelo!! chillaba yo mientras el Conan seguía quejándose en arameo.

El Dr. Prieto, quien surgiera a la fama después de salvar de la muerte a un “famoso” rockero local que había caído junto con un monitor desde un escenario de 8 mts. de altura, preparaba el instrumental para la intervención quirúrgica, “no será fácil”, decía el médico, “a ojo de buen cubero puedo diagnosticar que el único hueso que tiene entero es la falange superior del dedo gordo de la mano derecha, lo demás está jodido, pero haremos lo posible.”

El sonido local del nosocomio anunció que el cuarto y el instrumental estaban listos para meterle cuchillo al Conan, quien para esos momentos ya había perdido el conocimiento, si es que alguna vez lo tuvo, ya que no terminó ni 3ro. de kinder. ¿Qué pasó dentro de la sala de operaciones? No lo sé, pinche doctor ojete no me dejó entrar, el caso es que el buen Conan se recuperó a medias, debido a su condición, no pudo volver a su chamba de repartidor de gas, sin embargo, gracias al buen corazón del galeno, le dieron chamba en el hospital cargando los tanques de oxigeno de los enfermos, para los cuales tiene un compartimiento especial en su silla de ruedas y en sus ratos libres se prepara para representar a su colonia en los para-olímpicos regionales a desarrollarse el año próximo en conocida e industriosa Ciudad del Bajío, además de rentarse como pony de carrusel en fiestas, ferias de pueblo y centros comerciales.

PYRO  

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