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Oooh sí. Los seres humanos nos vanagloriamos de nuestra inteligencia y cooperación como las virtudes que nos permiten dominar este planeta. Pero, como en todo, uno que otro ejemplar insiste en nadar contra corriente, y hacer reír al resto con sus metidas de pata… o par de patas. Una de las historias siguientes la saqué del periódico, la otra de una película. ¿Las reconoce?

La joven y rebelde Laura y su novio comparten su gusto por la calle, por ver televisión y por no trabajar. Poco después de su cumpleaños 21, despotricando contra sus familias, se toparon con el exnovio de ella, en un encuentro sorprendentemente cordial. Platicaron de sus mutuos problemas; Laura concluyó que sólo un embarazo podría granjearle el apoyo de sus padres… y nació la idea. Poco después, lloraba y pedía ayuda a su familia para los gastos médicos de su embarazo. Conforme pasaban las semanas, iba reportando su progreso y mostrando (de lejos) un vientre inflamado por algodones.  Sus padres, preocupados, le daban el dinero. Felizmente, Laura, su novio y su exnovio aprovechaban las pequeñas fortunas, gota a etílica gota. Pero pasaron nueve meses.

 

 
     
 
Entonces entró la desesperación y los hombres salieron a viajar por varios estados, en busca de algún bebé en venta, totalmente en vano. Como era demasiado tarde para un aborto falso,  idearon algo mejor. Al día siguiente, el teléfono sonó en la casa de los padres de Laura, y una voz vagamente familiar les dijo que su hija estaba secuestrada, que no llamaran a la policía y que, para recuperarla (sin bebé), debían depositar una fuerte suma en la cuenta de banco de Laura. La familia llamó a la policía, quienes visitaron a amigos, parientes, vecinos, y el ginecólogo de la chica. Él les reveló que ella no estaba embarazada. Así, siguieron varios rastros hasta el escondite de la muchacha y su galán. Tardaron dos segundos en confesar la mentira, la otra mentira y la mentira de más allá también. Los padres no entregaron el dinero.
     

Dos hermanos y un amigo no habían tenido un día agradable ni memorable, y fue una sorpresa cuando se volvió de golpe mucho más memorable, y mucho menos agradable. En la espesura del helado bosque, tropezaron con los restos de una avioneta y un paquete con más de 4 millones de dólares robados. El plan es evidente y muy simple: deben guardar el dinero un tiempo, durante el cual los ladrones o la policía se cansen de buscarlo, y después repartirlo entre todos y gastarlo poco a poco.

 

 

Uno de ellos contempla de inmediato la primera gran dificultad: su hermano es bastante obtuso e indigno de confianza, y su amigo es un rebelde impetuoso. Se convence a sí mismo de que puede manejarlos para que puedan volverse ricos con seguridad. Apenas van de regreso, se encuentran con la policía, y los idiotas casi se delatan. Pero llegan a casa, y aparentemente todos se comportarán. Pero pasan los días, y el amigo quiere partes de su dinero  para aliviar sus deudas y adquirir otras. El hermano está nervioso, y parece decidido a revelar el secreto por medio de alguna tontería. Poco a poco, todos se van tensando y meten pata tras pata, en un círculo vicioso que no puede tener un buen resultado. Al final, lo que era un pequeño crimen se vuelve en varios, y grandes.

 

   
 

 

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