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Por Omar Muñoz

6:48 p.m, creo que era la hora exacta. Mientras tanto estaba cual ballena tirada en el sofá, sí, ahí varada entre cojines, queso con jalapeños, una gran bolsa de papas fritas y un refresco de cola de un litro (de dieta por supuesto). El motivo: una gran perra depresión, no podía levantarme de ahí, era horrible. Lo peor había pasado, el Apocalipsis de Omar Muñoz se estaba haciendo presente... Y es que escasas tres horas antes, me acababa de medir un increíble blazer gris Oxford, con abotonaduras grandes, una solapa casi soberbia y ese olor característico que sólo te brindan las buenas tiendas departamentales, y la verdad no sé si sea por la retención de líquidos por el calor, pero no me entraba del todo bien. Ahora después de dos días, me ponía a reflexionar del gran hoyo sentimental y depresivo en el cual había caído debido a una pinche prenda, y sí… es así, la moda a veces juega sucio y en ese mundo de fantasías, lleno de etiquetas, compras y tarjetas de crédito, es imposible no ser cegado y ser un “Fashion Victim” más. Pero te has de preguntar, ¿qué mamada es esa de Fashion Victim? Eso me lo preguntaba al igual que tú, pero realmente ¿qué será? Fuera de esos pinches afanes filosóficos, psicológicos y sociales, el Fashion Victim lo somos todos: tú, tu mamá, tu hermana, tu hermano gay que no sale del clóset, tu muchacha que te recoge o la secretaria que se hecha tu papá, cuando tu mamá llora como pendeja en el tocador.

Y es que a lo largo de la historia siempre han existido los síntomas y efectos del Fashion Victim. ¿Y qué pasa? Que la moda nada tonta nos dota de sus frutos y cual perro de Pavlov corremos a disfrutarla y saborearla. Pongan Atención:
 Apenas cuando los rayos del sol llegaban sin complicación alguna, por la contaminación, no había autos, ni cocinas integrales y mucho menos sistema de cable o Internet de banda ancha; para que entiendas cuando el hombre cazaba, era nómada, recolectaba frutos y pintaba dentro de cavernas, la moda aún no existía como tal, sólo bastaban de pieles toscas y animalescas para cubrirse del frió, pero tardaría poco para pasar de una necesidad física de vestirse a un pinche capricho más del hombre para aumentar su canibalismo de ego. Justo cuando comenzaba el siglo XIV la moda apareció como tal, diferenciando hombres y mujeres con vestidos distintos, que obvio diferenciaban el sexo, por un lado vestidos que resaltarían caderas y pechos y por otro lado grandes paquetes de entrepierna para los hombres, con mallas, parecidas a las que usaba el jotito de Ricky Martín cuando cantaba en Menudo.

Para el siglo XV y XVI con la invención de buenos modales, las grandes fiestas de la clase alta, personajes como Maria Antonieta, una Fashion Victim de categoría, retaba toda clase de telas y líneas, hasta la misma fuerza de gravedad para dar ese monumental peinado. Perfumes caros, brocados, encajes y sedas de la mejor calidad de Francia, la hacían a ella y varias de sus damas diosas del couture. La moda ahora era un placer casi carnal, un orgasmo frívolo en la profundidad de hilos y telas (Ay, que bonito me escuche).

Así continuó lo que hasta para ese momento era la moda, como un eslabón más para acercarse al mundo de lo estrafalario y del exhibicionismo, pues lo principal era ser visto. La gente pobre (¡¡como ustedes... por supuesto!!) siempre luchaba por parecerse más a como vestía la gente rica. Las primeras imitaciones de telas caras y bordados se hicieron presentes, mientras tanto los ricos (like me) luchábamos para seguir siendo inalcanzables. Se ponían hasta lo imposible para dejar de pertenecer a una raza humana y convertirse en un ser quimérico lleno de un sueño de excentricidades y artificios.

Para la revolución industrial, con el aumento de la clase media y  el proletariado, se vio la llegada de los “nuevos ricos” como Anna Nicole o Wicho Domínguez, y ya sabrán... cual cucarachas salidas de una sucia cloaca se divertían de lo lindo gastando a montones su dinero en ropa y ropa, y modistos y sastres, sólo para un propósito: aparentar no sólo tener dinero sino las mismas garras que los de clase alta con linaje ancestral.

La moda era ya algo inevitable, todos se sentían atraídos por ese gran banquete de tentaciones, de sublimes cortes y formas; de esa fantasía de poder convertirse en otro. Todo era prendas hermosas y detalladas; entre más cargadas eras mejor visto. Háganse de cuenta mis niños, que fue ahí cuando nos pasamos por los huevos la Pirámide de Maslow, las necesidades físicas eran lo primero ahora; pero no principalmente ”necesidades”, ahora eran gustitos y  berrinches por lucir bien.

La llegada del siglo XX, fue lo mejor para la moda. Con el avance de tecnologías, los lanzamientos de nuevas marcas, nuevos personajes a los que ya se les llamaban “Diseñadores” ya era casi arte la moda, un arte que salía caro, que todos querían seguir. Por ejemplo en los años veintes la llegada de una mujer cuyo nombre seguro conoces, a la cual los amigos llamábamos “Cocorito” o Gabrille Chanel, hizo que lo inimaginable en la vestimenta estuviera de moda, como la combinación de blanco y negro, la cual sólo era digna para una mucama del Ritz o el punto de lana en los trajes, que ahora, ya no era sólo para la ropa interior. Las mujeres se volvían locas, todas querían su Chanel, todas morían por uno merceditas para bailar charlestón (y aquí entre nos yo aún muero por un Chanel negro de charol con cadena, pero ese es otro tema); también deseaban las perlas y añoraban esos labiales rojos de Helena Rubistein. Eran requisitos para entrar a las grandes fiestas de “sólo mujeres” que a menudo terminaban en una bola de lesbianas o traileras manoseándose una con otra.

Madeleine Vionnet fue otra diseñadora. La arquitecta de la tela fue tanto su furor que la piratería de etiquetas seguirían usando su nombre. Era demasiado el alboroto por un Vionnet que no importaba a las mujeres tener uno de marca Simi (similar). Vionnet se vio obligada a poner una huella digital al lado de la etiqueta, como marca única e irrepetible, pero tonta y torpe.

Para los años cincuenta con la llegada de Dior, los cortes femeninos con cinturas diminutas estuvieron “super In”; todas darían un brazo por un Dior. Ahora no sólo combinaban los zapatos, con el bolso y el bolso con el vestido; ya era necesario combinar zapatos, bolso, vestido, con una hermosa licuadora o lavadora. El diseño se había hecho presente en los aparatos de línea blanca; las mujeres presumían a sus maridos trabajadores, sus hijos educados y su gran cocina que hacía juego con esos lindos zapatos de Roger Vivier.

Pasarían los sesentas y luego los setentas, con el Flower Power, el movimiento hippie; ahora todos deseaban verse un poco más bohemios, más desaliñados. Era de moda verse sucio, se volvían locos por unos Levi’s.

En estos tiempos, es casi lo mismo la moda. Es lo que rige nuestras vidas, para ella no existen la reglas, es un tirana que impone leyes. Para todo mundo la hay, para hippies, moods, punks, gruperos, neonazis, etc. Todos buscamos identidad por medio de la moda. A veces nos frustramos por un nuevo look, o una playera, morimos por un bolso, lloramos por un par de zapatos, deliramos por unos jeans y hacemos de un centro comercial una telenovela. Todos somos unas víctimas de la moda; desde el que se queda sin comer para comprar un blazer, la que se mete el dedo o la cuchara para entrar en unos cigarrette, el que se arregla por horas para ir al antro.

Es una víctima aquella persona que le dedica horas a observar los aparadores, cual perro que saborea un manjar de carne; la doña que no le importan los niños coreanos explotados que cosen sin cesar las Louis Vuitton falsas; aquél que está en una continua búsqueda de particularidad mientras se cambia el corte de pelo, peinado, color etc. Sin dejar a un lado que es un Fashion Victim aquél que escribe un articulo de un máximo de 1600 palabras acerca de moda, para un periódico de periodismo gonzo alternativo; también al estudiante de diseño de modas que se rompe la madre aguantando modelos, tareas, maestros, críticas y un gran bonche de víboras a las cuales llama compañeros de clase; y sobretodo no olvidemos que es un Fashion Victim aquél que esté como estúpido leyendo un artículo de moda acerca de lo que es un Fashion Victim. ¡Y si lo eres sonríe, perra!

Si por el contrario deseas serlo, haz lo imposible, estudia yoga o kabalah, asalta una viejecita  en Zara, roba en Lacoste, vomita, baila, salta o graba un video porno, cásate con Tom Cruise y cómete una placenta, adopta un niño en Camboya o en Malawi. No me digas que no te gusta verte In o de moda, por que tú y yo sabemos que te orgasmea. La moda no pasa de moda, el hombre está eternamente atado a ella, y que Dios bendiga a VOGUE. ¡¡¡Gracias!!! I Love You… ¡¡¡Please Hate Me!!!

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