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Llegar tarde es parte de su discreto encanto y magnetismo como rockstar. Pero tal vez Axl olvida que el público lo ha estado esperando por catorce años. Donde realmente la banda adolece es en el lado instrumental. Dejando de lado los mejores esfuerzos de Bumblefoot, los solos de guitarra de los señores Finck y Fortus dejan mucho que desear y les falta inspiración. Prometo no mencionar otra vez el nombre que empieza con “S”, pero si el público histérico no hubiera estado hambriento por catorce años por ver a GN’R en vivo, tal vez hubieran sido un poquito más críticos y un poco menos complacientes... Por suerte, para los Gunners, la mayor parte del tiempo no se alcanzaban a oír los terribles debralles de la guitarra por encima de la gritería de los maravillados fans. A pesar de que éste fue el show número ochentaytantos con la actual alineación, nos demuestra que no se pueden reemplazar fácilmente la química y personalidad de más de diez años que se tuvo con la banda original; ya sabes, los que escribieron, tocaron y desarrollaron las canciones (y los espectaculares intros) junto con Axl e Izzy Stradlin (el frecuentemente olvidado quinto miembro y co-compositor de muchos de los grandes éxitos) hacia una afilada perfección. Como el Idiota Culinario elocuentemente dijo en la ciudad de México, “ésta es la mejor banda de covers de Guns N’ Roses que he visto en mi vida”.
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Estaba tan emocionado durante el concierto de Guadalajara, que ni siquiera me molesté en escribir la lista de canciones para este artículo. Afortunadamente, Axl y compañía fueron muy amables en repetir la lista entera, canción por canción, solo por solo, cambio de vestuario por cambio de vestuario, en la ciudad de México, dos días después. Irónico, considerando lo que Axl pronunció durante el concierto rijoso de St. Louis (1991), “no somos de esas bandas que tocan el mismo set cada noche en cada ciudad que visitamos”. Creo que tal vez Axl y compañía debieron recibir una advertencia verbal (o tal vez monetaria) por parte de los promotores de la ciudad de México que desde luego fueron testigos o recibieron rápidos informes de los conciertos de Monterrey y Guadalajara. Te lo aseguro: si Axl no se presentaba a tocar antes de la 1:00 am, los chilangos no serían tan pacientes, educados y bien portados. De hecho había letreros afuera de las entradas del estadio advirtiendo al público que los estelares no tocarían antes de las 11:30 pm. Después de los shows de apertura que terminaron alrededor de las 10:00 pm o 10:30 pm, el Palacio de los Rebotes ingeniosamente proyectó el partido de futbol entre México y Paraguay en una pantalla gigante, que instantáneamente tranquilizó y volvió dócil a la raza de más de 21,000 personas, que incluso olvidaron (tal vez por sólo unos minutos) que habían ido ahí a ver a GN’R. (A quien se le haya ocurrido esta grandiosa idea, definitivamente merece un aumento.) Una vez que el partido terminó, las luces se apagaron y la banda se apoderó del escenario, y otra vez, escuchamos las notas hipnóticas iniciales de “Welcome to the Jungle”. De ahí en adelante, básicamente estuvieron en piloto automático. Y la audiencia estaba enloquecida, agradecida y emocionada por el mismo idéntico show.
Cuando eres joven percibes a estos personajes más grandes que la vida debido al tremendo impacto que su música tuvo durante tu adolescencia. Están en todos los medios de comunicación, en los más grandes escenarios del planeta y crees que son dioses. En la prepa el libro Hammer of the Gods por Stephen Davis era mi Biblia del rock. Las legendarias (y muchos dicen fabricadas) travesuras de Led Zeppelin durante los 70’s fueron suficientes para inspirar y convencer a cualquier joven, de que podía aspirar remotamente a una carrera en el rock n’ roll, vender su alma a Aleister Crowely. Sin tener alguna noción o talento musical (o intuición o ritmo) nunca me consideré un candidato. Creces imaginando cómo sería ser un rockstar, y das gracias a Dios que GN’R—incluso esta pobre imitación de GN’R—todavía exista para seguir manteniendo a este importante legado en estos tiempos difíciles. Hasta que en ese momento decepcionante descubres que ¡no tienen ni una sola pinche groupie tras el escenario entre todos ellos!
Así que debemos preguntarnos: ¿Cuánto ha decaído el rock?
¿Dónde están las salvajes fiestas en los cuartos de hotel?
¿Dónde están las orgías masivas?
¿Dónde están los tiburones?
Where are the feasts we were promised?
Where is the wine?
The New Wine.
Dying on the vine.
La triste realidad de que los mitos del rocanrol que hemos idolatrado por generaciones ahora sólo existen en libros de cuentos como Hammer of the Gods, es demasiado pedir para que un alma aguante. La moraleja aquí es: no conozcan a su ídolos, chavos, sólo se decepcionarán. O al menos, no los conozcan cuando han pasado 14 años desde su momento cumbre y han sido reemplazados por impostores. Con todo respeto para los actuales miembros de la banda, take me back to the paradise city que alguna vez fue el Hartford Civic Center.
Revisado el : 04-11-2007 12:07
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